“Vale, no me peguéis más: soy un elefante”, dijo el conejo

El Acido Desoxirribonucléico (ADN) fue descodificado por primera vez para identificar a un violador en 1987. Colin Pitchfork, un panadero de Narborough, en el condado de Leicester (Inglaterra), había violado y asesinado a dos chicas del pueblo en 1983 y 1986, y así quedó probado gracias a la huella genética y a un amigo suyo que hablaba demasiado.
 
El primer sospechoso que manejó la policía, Richard Buckland, tenía 17 años, era del pueblo, conocía a Dawn Ashworth, la segunda víctima, y en los interrogatorios había desvelado detalles sobre el cuerpo de la chica, de 15 años, que llamaron la atención de los investigadores. Buckland acabó confesando, en interrogatorios posteriores, que él había asesinado a Dawn, aunque no admitió el asesinato de Lynda Mann, también de 15 años.
 
Tres años antes, Alec Jeffreys, un genetista de la Universidad de Leicester, había descubierto por casualidad que aunque la secuencia completa de ADN en su inmensa mayoría es común a todos los seres humanos, hay pequeñas regiones que son altamente variables, llamadas microsatélites, cuyo análisis podía llegar a identificar un individuo a través de su huella genética. Tenía pensado hacerlo público en un seminario en otoño de 1984, pero un accidente doméstico de su hija pequeña le impidió participar. Una mención pública de su descubrimiento, antes de haber tramitado la solicitud de la patente, le habría hecho perder los derechos de acuerdo a la legislación británica.  El descubrimiento fue patentado y publicado finalmente en 1985, en el número 314 de Nature.
                                                                                                                                                                                     Cuando Buckland confesó, los análisis de Jeffreys ya habían permitido  a un chico ghanés regresar a Inglaterra para vivir con su madre.  Las autoridades antiinmigración exigían una prueba que demostrara que era hijo de la ciudadana británica que lo esperaba. El ADN probó que era cierto. La policía británica, por su parte, estaba convencida de que Richard Buckland era también el asesino de Lynda, la segunda víctima, así que pidió al laboratorio de Jeffreys comparar las muestras de semen recuperadas en ambos cuerpos con la sangre de Buckland. La prueba perfiló que las dos muestras de semen eran del mismo hombre, y que ese hombre no era el confeso Richard Buckland.
 
La estrategia siguiente, consensuada entre la policía y el Servicio de Ciencia Forense (FSS, en inglés), consistió en invitar a los hombres del pueblo a someterse voluntariamente a un análisis de ADN. Deseosos de demostrar su inocencia, unos 5.000 hombres se dejaron tomar muestras de saliva o sangre.  Ninguno de los perfiles coincidía con el semen de las violaciones. Meses después, uno de los voluntarios, Ian Kelly, se jactó en público de haber ganado 200 libras esterlinas aportando muestras a  nombre de un amigo suyo, y dijo el nombre: Colin Pitchfork, condenado el 22 de enero de 1988 a cadena perpetua, fue el primer culpable identificado gracias a una prueba de ADN. Richard Buckland, el primer inocente exonerado.
                                                                                                                                                                           
En EE UU,  223 condenados –muchos de ellos a muerte– han visto reconocida su inocencia gracias al ADN y  a  Proyecto Inocencia desde 1992.  En España no hay registro.

El desdoblamiento del Yo produce el Yo-Yo

Al parecer, José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo y ponente del auto que desautorizó el recurso de revisión de Ahmed Tommouhi el 30 de junio de 2000, es también un hombre personalmente afectado por haber tenido que tomar esa decisión. Por tres fuentes diferentes, muy diferentes, y muy autorizadas, me viene esta información. Según el ex fiscal jefe, por providencial ejemplo, se miró la causa con “un extraordinario interés en sacarle la punta y en resolver el asunto”. Es, por decirlo banalmente, su espinita clavada.

Yo diría incluso, aunque esto todavía es sólo una hipótesis,  que en la entrevista que le hizo José Martí Gómez para El Magazine de La Vanguardia, el 21 de enero de 2007, al hablar de la sentencia que le había quitado el sueño, se refería precisamente a este caso:

[…]

Pregunta: ¿no le ha quitado el sueño ninguna sentencia?

Martín Pallín: – […] Yo diría que mi preocupación no ha sido tanto por imponer las penas excesivas que me exigía y exige la métrica penal, penas que siempre puedes pedir que se atenúen, sino por la sensación de haberme equivocado de autor.

P. -¿Error judicial?

M.P -Digamos que las circunstancias externas han provocado en mí la duda de si he condenado a alguien que tuvo la desgracia de estar en el lugar inoportuno en el momento inadecuado.

P. -Ya lo cantó Gato Pérez en un bolero […]  Por la noche, todos los gatos son pardos.

MP: Eso, más o menos.

P-¿Y qué poso queda tras la sensación de condenar a un inocente?

 M.P.: La esperanza de que el Tribunal Constitucional corregirá mi error. Recibiré la corrección con gran alegría porque siempre he sido partidario de una justicia que prime la libertad del culpable antes que la condena de un inocente.

Bien. Tanto es así que acepta comparecer ante el Parlament. El hombre ante el ágora. ¿Qué dijo del caso? Nada. Los comentarios de estupefacto y rb resumen esa nada. Y aquí está la nada transcrita al completo. Es antológico, por ejemplo, el párrafo en el que explica cómo el Supremo ha incorporado un caso de identificación en rueda a la jurisprudencia del recurso de revisión:

Y después, por ejemplo, hemos metido también un caso de error de identificación, lo cual es bastante peligroso, sobre todo si se trata de una identificación en rueda, porque yo las identificaciones en rueda me parecen… bueno, me ponen bastante nervioso, como elemento probatorio. Es algo que no me deja tranquilo, cuando hay que poner una sentencia en función de un reconocimiento en rueda. (acta de la comparecencia).

Vale, ahora sabemos que al señor Martín Pallín le ponen muy nervioso las ruedas de identificación. ¿Es eso todo lo que tenía que decir al respecto de la ecuación: ruedas de identificación-recurso de revisión-caso Tommouhi-Mounib? Por no hablar de los otros condenados por la cara que, al parecer, desconoce: Rafael Ricardi, o  Jorge Ortiz.

El Otro Gran Afectado por este caso, que lo ha vivido también con el corazón en un puño, es el Fiscal Mena. El hombre de los deseos fervientes y las convicciones profundas.  ¿Qué dijo, además de que en 43 años no había visto un caso igual, cuando pasó él también por su comparecencia el pasado 1 de julio? ¿A qué venía aquella propuesta suya, sobre la reforma de la segunda instancia? ¿Qué consecuencias podría tener en este caso? Contra todas las celebradas interpretaciones con las que la recibieron en los periódicos (El País, El Periódico de Cataluña), él mismo me lo aclaró hace diez días debajo del almez aquel donde nos vimos, en la terraza del Why Not: “Nada, nada, nada. En este caso, nada.”

El problema no es que haya un magistrado y un fiscal convencidos de la inocencia de un condenado, a los que la ley, aun siendo directamente responsables de esa condena, no les permite actuar en consecuencia.  Es peor, es esta perfecta falta de consecuencias con la que todavía se pavonean sobre el escenario, ese yoyeo irresponsable del corazón en un puño y el micrófono en el otro –para cantar la nada, corazón– lo que ha hecho insoluble este caso hasta la fecha, y los que vengan.

Si es verdad que la ley les impide actuar de acuerdo a sus certezas materiales, no sé a qué esperan para denunciar públicamente esa ley. Y si no es verdad que sus convicciones tienen una base material, no sé por qué siguen expresándolas públicamente. Con uno de los dos tipos de víctimas, al menos, convendría que fueran consecuentes.

Un narrador cualquiera

La última tarde que pasé en Barcelona, el viernes pasado, bajé a eso de las seis a la calle. Me había tomado el día libre para preparar un arroz con rape y langostinos en casa de Martín, y para ir a ver a unos amigos, pero ella estaba en cama, así que acabé saliendo a dar una vuelta. En Via Laietana, dudé entre la Barceloneta o el Eixample, subí. Lo peor de salir con una cierta melancolía, a despedirte, porque sientes que ahora sí cuando vuelvas será para otra cosa, serás otro y otros los que te reciban, lo peor, es que encima llueve. Gracias a dios, había agarrado por error el fino y delicado jersey negro de Rosaria, así que cuando quise ponérmelo, creyendo que me iba a morir de cursi, y descubrí que no era el mío, me cubrí de ridículo. Me compré una chaqueta. Luego terminé en La Central. Tampoco sé para qué. Ese día, creo, había alcanzado el punto de cocción: ni un párrafo, ni un libro más. No había nada que me interesara. Sólo quería volver pronto a casa para escribir. Acabé subiendo al primer piso. Y sobre un atril, una nueva edición (recuerdo que la portada es plateada y las letras rosa fucsia). La introducción era larga y la edición parecía argentina. No sé por qué empecé a leerlo, si porque el principio me resultó familiar (creo que hay un párrafo volcado directamente desde “Experiencia y Pobreza”, si es que es ésa la traducción). El caso es que leí los tres o cuatro primeros epígrafes y lo dejé. Muchas de las ideas que intento llevar a la práctica deben de estar inspiradas en esa lectura, que no por casualidad, sino por orgullo, había olvidado. Por esnob. Esta semana lo he vuelto a leer y sigo sintiendo que me obliga. Creo que voy a cambiar el principio. Así que conste en acta bibliográfica. Lo he leído, a pesar de las faltas y algunas incoherencias, aquí: El Narrador, Walter Benjamin.

Deseos fervientes y convicciones profundas

Ei. Miércoles, 20:33. Estoy transcribiendo entera la entrevista con el señor Mena, y de esta frase suya:  

Y con toda certeza, mi deseo ferviente era responder a mi convicción profunda de que muy probablemente este señor era inocente.

entresaco esta otra posibilidad para titular: deseos fervientes y convicciones profundas.

A las 20:37 ya no me gusta tanto.

Hasta el lunes.

Martín Pallín hablará hoy sobre Tommouhi en el Parlament

A partir de las 12:30 de hoy, José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo, y Mercedes García Arán, catedrática de derecho penal de la Universidad Autónoma de Barcelona, comparecerán ante la Comisión de Peticiones del Parlamento de Cataluña para hablar sobre el caso de Ahmed Tommouhi. Martín Pallín fue ponente de la sentencia que denegó el recurso de revisión presentado por la defensa de Tommouhi en 2000. La comparecencia puede seguirse en directo a través del canal web 1 del Parlament.

Insisto (o segunda entrega sobre las pretensiones del ex Fiscal Jefe Mena)

Voy deprisa porque tengo que escribir. De la historia con el ex fiscal jefe, me sorpreden sobre todo alguna de las reacciones que, sin publicidad, me van llegando : “qué cinismo”, o “esto funciona así, qué le vamos a hacer”, como si no quedara del todo claro lo que ha pasado. Hay también quien no acabó de entenderlo. Admito que esto último deba correr de mi cuenta, porque quizá no era del todo clara la explicación de la entradilla del jueves

Sobre lo primero, sin embargo, no hay lugar para refinamientos: el señor Mena no estaba actuando cínicamente (en cuanto las formas, al menos) ni la demostración de quién de los dos decía la verdad –si él o yo– quedará para siempre incompleta. No. Ésta es la portada del segundo informe y ésta la comunicación escrita que le reclamaba, por segunda vez, ese segundo informe. Y está, además, esta respuesta del señor Mena, que desmonta de paso el lema de su escudo: “yo no me carteo con las defensas”, dijo. 

Y sé que el link a esa portada no es una prueba definitiva, puesto que no aparece un sello identificativo de la Guardia Civil, entre otras formalidades; mientras ultimo esos detalles, sin embargo, sirva esta declaración que uno de los autores del informe, por exhorto del Tribunal Supremo, tuvo que prestar ante el Juzgado de 1ª Instancia e Instrucción nº 1 de Martorell, el 5 de enero de 2000:

[“Que se afirma y ratifica en el informe de fecha 7 de diciembre de 1998”, empezó por declarar el autor del informe]. Lo que el fiscal está diciendo es que esta declaración no habría tenido razón de ser, puesto que no existiría ese informe (de fecha 7 de diciembre de 1998) por cuyo contenido fueron los autores citados a declarar por el Supremo. Pero sin cinismo ni relativismo. Una virtud hay que reconocerle al señor Mena: no se escurre con ligerezas posmodernas: él directamente sostiene negro sobre blanco que este segundo informe no existió, y que, de existir, no llegó a la Fiscalía.  Yo he demostrado que el informe existe, que el letrado de Mounib se lo reclamó por dos veces al ex Fiscal Jefe, y que éste, en su respuesta, pasó de largo sobre el objeto del requerimiento. Basta con leer los enlaces, dos párrafos más arriba. Llegado el día haré públicos también los hechos que prueban que ese informe llegó, antes de las navidades de 1998, a la Fiscalía del Tribunal Superior de Cataluña, calle Pau Claris 160, Barcelona.

Todo esto para decirles que la verdad se defiende sola, pero que no se propaga en el vacío. Una vez mostrada, el público tiene también su responsabilidad en defenderla.

***

Hay otro olvido memorable en la entrevista. El señor Mena no recordaba la respuesta escrita que envió a Manuel Borraz, el ciudadano que meses antes le había solicitado  que analizara unas muestras del caso de Cornellà que podrían arrojar, de existir esas muestras todavía, resultados concluyentes sobre dichas violaciones. Quizá, vino a decir, fue otro el fiscal que respondió:

 

Pregunta: En una respuesta a un ciudadano, el 27 de julio de 2006, que solicitaba la posibilidad de que usted ordenara el análisis de unas muestras de Cornellà distintas de las que ya se había ordenado analizar en el 96; en su respuesta, afirmaba usted que no era competencia del Ministerio Fiscal esta diligencia que solicitaba el ciudadano y me pregunto… 

J.M. Mena: Yo no recuerdo eso…

Pregunta: ¿No lo recuerda?

J.M. Mena: No recuerdo nada en absoluto de lo que me dice.

Pregunta: Vamos, pues no sé hasta qué punto…

J.M. Mena: No. Un ciudadano que pedía que hiciéramos unas pruebas ¿de qué?

Pregunta: De unas muestras de la ropa del caso de Cornellà.

J.M. Mena: No lo recuerdo.

Pregunta: ¿No lo recuerda?

J.M. Mena: No.

Pregunta. Vale. Eee..Durante estos años

J.M. Mena: Pero me extraña mucho eso, eh.

Pregunta: No, pues están publicadas las cartas en Internet.

J.M. Mena: No, pero eso no quiere decir que sea cierto.

Pregunta: Hombre, si la carta no es falsa, es cierto, ¿no? Quiero decir, si la respuesta de la Fiscalía

J.M. Mena: Pero es que yo no recuerdo que nadie me hubiera preguntado eso ni que yo hubiera contestado eso. Quiero decir que la Fiscalía es muy grande. Cuando yo me fui había 210 fiscales.

Pregunta: O sea, ¿que puede haber contestado un subordinado?

J.M. Mena: Claro, puede haber contestado el fiscal correspondiente de, de Cornellà, tranquilamente, puede haber dicho que se lo digan al juez, que no es cosa suya. Porque, claro, pienso yo, en el supuesto de que ello haya sido así, que la petición de la reapertura de las diligencias, el fiscal ha podido estimar que es una competencia del juez. O en su caso, del tribunal que acordó el archivo definitivo de la causa por cumplimiento de la pena y todo esto. Hay muchísimas posibilidades técnicas pero, de verdad, que…, igual lo dije y lo he olvidado, porque estamos en el 2008, y claro esto, como luego han hablado mucho los medios y tal, pues parece que era el único asunto, pero desdichadamente este era un asunto más, y de una complicación técnica muy escasa. Por lo tanto, luego con la historia de los medios de comunicación y tal, lo he recordado, pero incluso, yo sobre todo recuerdo los recuerdos, más que el asunto. Porque claro, estoy en una nebulosa y me excuso siempre que puedo de hablar de este asunto, porque no vaya yo a equivocarme. Ahora mismo me plantea esto y me deja perplejo. Me extrañaría mucho haber olvidado eso, pero si lo he olvidado, pues lo lamento mucho. La verdad.

Manuel Borraz tardó menos de 24 horas en enviarme la prueba de que su corresponsal fue siempre el señor Mena, y no ningún subordinado. Había comparado las firmas de las respuestas con la solicitud de indulto, ésta sí firmada sin ningún género de duda por José María Mena el 30 de abril de 1999:

El ex Fiscal Jefe Mena pretende, en falso, que dos verdades sumen una mentira absoluta

Esta mañana he hablado con el ex Fiscal Jefe de Cataluña, José María Mena. Ha llegado puntual a la terraza del Why Not: mesas y sillas de aluminio bajo el paraguas de un hermoso y enorme árbol. Un seto resguarda la esquinada terraza por un lado y un muro modernista con la cresta ondulada por el otro. Tengo que volver a preguntar el nombre del árbol y fijarme en la puerta que sostiene el muro, que digo yo que será de Gaudí. “Tengo para usted media hora”, me ha dicho nada más sentarse.

La entrevista ha durado 35 minutos. En los últimos cinco, Mena se ha empeñado en negar una evidencia que todo el mundo conoce: que tras la revisión de la causa de Olesa, el Equipo de Policía Judicial de Martorell redactó un segundo informe, centrado éste en el coche con el que se habían cometido las violaciones de Cornellà, La Secuita y La Bisbal del Penedès, y que siguió siendo utilizado cuando los dos marroquíes condenados estaban ya en la cárcel. Ha negado también, y esto ya sólo se ha hecho público aquí, que la Fiscalía nunca trasladó ese informe a las defensas. Yo tengo una comunicación escrita (carta, digo en la entrevista, ¡oh, pobre coloquial!) de uno de los letrados reclamándole ese informe. Que conste, de momento, que ambos hechos son verdad, por mucho que esta mañana el señor Mena haya pretendido lo contrario . El informe y la “carta” no los he traído conmigo a Barcelona, pero los colgaré aquí el lunes que viene.

Ésta es la transcripción de los últimos minutos de la charla con el ex Fiscal Jefe del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, José María Mena.

Preguntas: Este segundo informe de la Guardia Civil. Las defensas siempre se han quejado de que usted no se lo facilitó a ellas.¿En función de…

José María Mena: ¿Que no facilité yo…?

 P: El segundo informe de la Guardia Civil.

 J. M. Mena: Eso es una tontería. Eso demuestra, una vez más, la insuficiente buena fe de las defensas.

 P: ¿Por?

 J.M. Mena: Pues porque eso es una tontería. Porque yo no soy titular de ningún informe. El fiscal en ningún caso tiene un informe de la Guardia Civil que pueda dar o no dar a la defensa. Los informes están en la causa.

 P: No, no. Pero el informe este es del año 98, después de que se ha revisado la causa de Olesa….

 JM Mena: No. En ningún caso el Fiscal dispone de informes de Guardia Civil que no estén idénticamente en manos de la defensa. En ningún caso. No hay ningún informe de la Guardia Civil

 P: Cuando la causa está cerrada.

 JM Mena: Entonces el Fiscal no tiene informes.

 P: Un nuevo informe que hace, que eleva a la…

 JM Mena: En absoluto.

 P: Aunque ese informe exista y se haya elevado.

 JM Mena: No, ¿a quién?

 P: A la Fiscalía.

 JM Mena: No, no, no. En absoluto. Eso es una mentira absoluta.

 P: ¿Es mentira que la Guardia Civil le elevó un segundo informe?

 JM Mena: Mentira. Es mentira. Lo elevaría al tribunal. Lo elevaría al tribunal

 P: Y…

 JM Mena: No, no. Eso lo niego en redondo, ¡eh! En ningún caso el Fiscal en un asunto tiene un informe en régimen de, de secreto, salvo en las actuaciones previas a la incoación del sumario. Con la obligación, en todo caso, de incorporarlo al sumario. El Fiscal no puede en ningún caso guardarse un informe sin que lo conozcan las partes en un proceso. Y lo niego en redondo que yo dispusiera en ningún caso de un informe y no lo pasara a las defensas. Lo niego radicalmente. Lo que tiene usted que tener es la percepción de que las defensas, por ser defensas, no necesariamente le dicen a usted toda la verdad, ni que todo lo que le dicen sea verdad.

 P: No, a mí no me lo ha dicho la defensa. Yo tengo el informe y está dirigido a la Fiscalía. Y en el recurso de revisión de las defensas hacen constar que este informe, basado en un atestado…

 JM Mena: Pero esto se incorporaría a la causa.

 P: No, porque es un informe que, en su criterio, no dio orígen a ninguna actuación.

 JM Mena: No lo creo ni por un momento.

 P: Bueno, pues…

 JM Mena: No lo creo ni por un momento que yo dispusiera de un informe y además, niego radicalmente, que yo tuviera un informe que no pasara a las defensas. Que no le diera trámite.

 P: Pues hay una carta de uno de los letrados, que le dirige a usted, meses después de que el haya sabido que usted ha recibido ese informe, y que nunca ha recibido respuesta. Y esa carta consta.

 JM Mena: No, pero yo no me carteo con los letrados. Eso sí que…Ves, igual que le digo una cosa le digo la otra: Yo no me carteo con los letrados. O sea, las cartas no es un sistema procesal de comunicación.

 P: Ni siquiera cuando se ha juzgado la causa.

 JM Mena: Nada, nada. La carta no es un modo de comunicación. Una comunicación se hace una petición formal dentro de un trámiteee, del que corresponda.

 P: Vale. Puessss, no tengo más preguntas.

Carta desde Ibiza

Entre los papeles que Ahmed Tommouhi me dejó fotocopiar ayer, esta carta que un ciudadano le había enviado a la cárcel, el 20 de agosto de 2005, desde Ibiza.

Garabateos

Falsos testigos del porvenir. La palaba que va a misa y el mundo que no se confiesa. Justicia poética. La nueva justicia. La prosa revelada y el negativo. El verbo sin carne. El dobladillo de las togas. La dialéctica efectista. Una década entre comillas. Una época entre comillas. La Gran Inversión. Mentiras repetidas. Condena. Un reportaje abierto sobre un caso cerrado. La justicia olímpica. El semen y el tintero. La sangre y el tintero. El indulto de Damocles. La nueva justicia y el viejo mundo. Condenados por la cara. La incoherencia del mundo. Simulacro cruel. Presuntos culpables. El dobladillo de la justicia poética. El teatro de la justicia.

 

Instrucciones para entrevistar al ex Fiscal Jefe

Tres años y dos meses después, voy a entrevistar al ex Fiscal Jefe de Cataluña, José María Mena. Él encargó hace ya doce años que se analizaran las muestras de varias de las violaciones de 1991 y luego, una vez que el resultado del único análisis concluyente demostró que Tommouhi y Mounib eran inocentes, presentó el recurso de revisión por la causa de Olesa. El 30 de abril de 1999, tras considerar que no había otra salida legal al asunto, solicitó el indulto para los dos marroquíes por las otras condenas que seguían vigentes.  El pasado 1 de julio compareció en el Parlamento de Cataluña para hablar del caso de Ahmed Tommouhi y el otro, sin saber que el Gobierno había denegado, nueve años después, el indulto. Su nombre aparece en este blog casi tantas veces como el de Margarita Robles, aunque él no tiene carpeta. Está jubilado, pero no retirado del todo. Preside una comisión de expertos para el estudio de la reincidencia de los delincuentes sexuales. Ahora me brinda una entrevista sobre el asunto: “estaré encantado de atenderle”, me dijo el jueves por teléfono.

La entrevista iba a ser hoy, pero no ha podido posponer la reunión que tenía prevista. Al final será el miércoles por la mañana. Ayer, pensando en ella, anoté estas líneas a seguir, antes de ordenarme las preguntas:

0.-Graba el audio.

1.-Hay que empezar por lo más actual, para ir luego remontándonos en el tiempo. Eso ayuda, por un lado, a la memoria: mi impresión es que los entrevistados van recordando mejor según van introduciéndose en el tema, así que conviene que las primeras preguntas se refieran a lo que tienen más fresco.

2.-No dejar un sólo dato sin concretar. Algunas preguntas se refieren expresamente a un comunicado, a una declaración, etc…, que hay que precisar detalladamente. Así por ejemplo: El 27 de julio de 2006, en una respuesta escrita a un ciudadano que había solicitado la práctica de diligencias  para fundamentar el recurso de revisión –en concreto el análisis de unas muestras de la causa de Cornellà, distintas, dicho sea de paso, a las del informe pericial que la sala había desestimado en su día–, usted sostuvo que eso no era “competencia del Ministerio Fiscal”. ¿Cómo se sostiene esa afirmación contra el hecho de que usted mismo ya había ordenado en una ocasión, y para este mismo caso, diligencias como las que el ciudadano solicitaba?

3.-No interesan las opiniones del Fiscal sobre nada que no sea estrictamente el papel de la Fiscalía en el procedimiento penal, y en este caso en particular. Lo que menos me interesa de todo es si al Fiscal este caso le parece especialmente trágico o no.

4.-Las preguntas deben ser claras, también respecto de su fundamento práctico. Quiero decir que cuando le preguntemos por qué después del segundo informe de la Guardia Civil, que el fiscal consideró insuficiente para instar un  nuevo recurso de revisión, no solicitó otras diligencias del tipo: a) citar a testigos que nunca fueron llamados a declarar y que fueron nombrados por Ahmed Tommouhi como coartada; b) por qué no se investigó la relación de ese Renault 5 con violaciones idénticas cometidas cuando los dos marroquíes estaban ya en la cárcel; cuando formulemos esas preguntas, digo, debe quedar claro: a) que sabemos que esos testigos existen y a cuáles en particular nos referimos; y b) que sabemos que esas violaciones posteriores existieron, así como las circunstancias particulares en las que se cometieron.

5.-Las preguntas no siempre tienen que ser farragosas, detalladas y frontales. A veces se puede guardar silencio y preguntar: “¿A qué se refería cuando en septiembre de 1999 declaró que “estaba siguiendo este caso al milímetro”?”

Por cierto, si tienen alguna sugerencia o pregunta que deba plantearse no se corten: soy todo oídos.

— — 1951

Ahmed Tommouhi, cada tanto, tiene que pasar a ver a la asistenta social. Es una de las condiciones de su libertad condicional.  Andando a la oficina, que está en el primer piso de un edificio de la Ronda de Sant Pere, a medio camino entre el Arco del Triunfo y la Plaza Urquinaona, me comentaba esta mañana que no íbamos a tardar mucho: “qué cómo estás, bien, estás bien, sí, todo, sí, todo bien, y nos vamos…”. Ésa era la conversación que esperaba tener con Rosa. Pero Rosa no estaba.

 “A partir de ahora, la Rosa estará los miércoles”, le han dicho. Una compañera le ha sellado la casilla de hoy y ha introducido los datos en el ordenador: Ahmed Tommouch, 09-Octubre-08: 10:52. Luego, sentados en una terraza, le he preguntado por el día de su nacimiento. Yo tenía entendido que él no sabía el día en que nació, porque no constaba en ningún sitio. Él mismo me lo había dicho. Pero no hace mucho encontré en algún folio del expediente que había nacido un día de junio de 1951, y por eso le he vuelto a preguntar:

–Eso lo ponen ellos de su cabeza. Lo ponen cuando me meten dentro [de la cárcel]: fuera yo no tengo ni un papel donde ponga mi fecha: no tenemos nada de fecha ni nada. Sólo el año: 51.

Su hermano Omar tampoco lo sabe. En lugar del día y el mes, dos discretos guiones. No es la primera vez que hablábamos, ya digo, y no nunca le había preguntado por qué.

–Y no me preguntas por qué, me ha dicho él.

–Pues, sí: ¿por qué?

–¿Quién estaba mandando sobre nosotros cuando nací yo?

No tengo excusa porque ya había desayunado y estaba despierto. Tic, tac, tic, tac. Antes de que metiera la pata –yo estaba pensando en Hassan II, pobre despistado–, él mismo se ha respondido:

–¡Franco! Por eso no tenemos ni libro de familia ni fecha ni nada. Los hijos de funcionarios, de soldados, de hombres que trabajaban en la mina para ellos, todos tienen fechas. Los pobres como mi padre no. No apuntaban nada. Sólo en la cabeza: 51. Donde mandaba Francia, tienen libro de familia, documentación, todo. Donde mandaba Franco, en el Rif, nada. Ni carreteras, ni escuelas, nada. Donde Francia, todos estudiaban en la escuela. Nosotros sólo el corán, la mezquita y nada más. Tampoco teníamos cartilla para el arroz, nada. Luego, cuando entró Mohamed V, el padre de Hassan II, empezó a hacer libros de familia, documentación, todo.  Preguntando.

 NdT: Ahmed Tommouhi, que sigue siendo Tommouch para la administración de Justicia, emplea el presente también para referirse, como en este caso, al pasado simple.

Carta abierta al gabinete de prensa del TSJC

Tarde o temprano acaba uno llamando a la puerta de un gabinete de prensa. Mariona P. Q. es redactora en el del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Esta mañana he pasado a verla y hemos acordado que le ponía por escrito la relación de entrevistados y los motivos por los que me interesan. Este es el mensaje que acabo de enviarle.

Estimada Mariona:

Según lo acordado esta mañana, paso a comentarle los motivos y las personas que centran mi interés:

I.- El libro del que le he hablado será publicado por Seix Barral a principios de 2009. En él, además de los argumentos y los relatos fácticos de las sentencias (todas declaran probados hechos que luego se han revelado falsos), aparecen citados con nombre y apellidos los magistrados que formaban los tribunales de la Audiencia Provincial de Barcelona que condenaron a Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib entre los años 1991 y 1994. Para que los magistrados que quisieran dar su versión de los hechos puedan hacerlo, es mi deber solicitarle las siguientes entrevistas (cito por las secciones a las que pertenecían en aquellos años):

Sección 5ª:

          D. Modesto Ariñez Lázaro

          Dª. Elena Guindulain Oliveras

          Dª. Nuria Zamora Pérez

 Sección 9ª:

          D. Felipe Soler Ferrer

 Sección 6ª:

          D. Antonio Perea Vallano

    Dª. María José Feliu Morell
    Dª María Pilar de Prada Bengoa

II.-D. Ahmed Tommouhi presentó un escrito el pasado 7 de Febrero de 2008, en las citadas secciones. Reclamaba un testimonio de su expediente judicial que obra en los archivos de cada una de las secretarías. A día de hoy, el señor Tommouhi sigue sin recibir respuesta de la Sección 9ª. Me interesaría conocer, y más cuando en otros secciones la respuesta no sólo fue pronta y positiva, si no diligente en la entrega de esa copia del expediente, los motivos por los que la Sección 9ª guarda este silencio de ocho meses.

III. Con el magistrado D. Gerard Thomàs Andreu, de esa misma sección novena, ya hablé en una ocasión, aunque fugazmente, en los pasillos de la Audiencia. Quizá lo haya olvidado. Le agradecería en todo caso que le haga saber que las notas de aquella conversación están publicadas en el blog que sobre esta investigación mantengo en Internet desde hace un año (www.ladoblehelice.com). En concreto, las encontrará en la entrada del jueves 6 de marzo de 2008, bajo el título “La convicción y la certeza y el punto de vista“. Todo ello por si quisiera añadir, rectificar o corregir sus manifestaciones en algún sentido.

IV. Por último, comunicarle que según acostumbro, este mensaje también está publicado en el citado blog.

Sin más, reciba mi agradecimiento por adelantado.

B.G.J.

Bliki (happy birthday)

El periodista norteamericano Jeff Jarvis publicó una entrada el pasado 30 de septiembre en su blog defendiendo que “el artículo ya no es la unidad básica del periodismo“. Conviene puntualizar qué quiere decir aquí ‘artículo’: una pieza cerrada –ya sea noticia, reportaje, crónica, etc..– que permite al lector que acaba de aterrizar y que va a comprar el periódico al quiosco enterarse de lo último y lo más importante de un tema. El problema surge cuando hay que encarar una historia compleja que exige además un seguimiento. Es entonces cuando el lector diario —los periódicos se escriben pensando en el recién llegado–se encuentra con que “hay demasiada repetición”. “Y demasiada poca explicación. Los conocimientos no son acumulativos”. 

Jarvis sostiene que esa unidad básica nueva debería ser, precisamente, el tema (el topic). Arcadi Espada, que traía ayer la noticia de este manifiesto, advertía de que nada solucionan los “dossiers”, esos especiales que enlazan una relación de artículos dedicados a un tema relevante.  Y citaba el párrafo más importante de Jarvis:

«En vez de eso quiero una página, un sitio, una cosa que es creada, actualizada, editada y discutida. Un blog que trata un tema como un proceso en curso y acumulativo de aprendizaje e indagación, de preguntas y respuestas. También es un wiki que guarda un pantallazo del saber más actual y su background. Es un agregador, que proporciona glosas de links a los expertos, y cobertura, opinión, perspectiva y material. Es un debate en el que no sólo se parlotea, sino que se propone un objetivo (una extensión de un artículo como éste que pregunta qué opciones existen para salvar un rescate financiero). Colaborativo, distribuido y abierto, pero organizado.

[…]

Es esta la forma de cubrir las noticias, y la vida.»

Este mes, Ladoblehélice cumple un año poniendo en práctica esta novedosa y reciente apuesta teórica de Jarvis. Este blog practica este report in progress precisamente porque después de varios fracasos (I, II, y III) me convencí de que esta historia no podía contarse de otra manera. Jarvis, según se lee en la traducción de Verónica Puertollano, ha escrito que no sabría cómo llamarlo hasta que no lo haya visto:

“No es un artículo, una noticia, una sección, una oficina, un periódico o un programa. Tenemos que usar las nuevas herramientas que tenemos a nuestra disposición, y crear nuevas estructuras para cubrir las noticias e informarnos unos a otros. Como dije en el post anterior, las viejas estructuras se están derrumbando y las nuevas serán construidas en su lugar. Necesitamos crear algo nuevo ya. ¿Cómo lo llamamos? No lo sé. La tabla de tópicos. El bliki reportero (ay). El cerebro de noticias. Sabremos cómo llamarlo cuando lo veamos.”

La culpa es mía por no escribir este blog en inglés. La asumo y haré lo que pueda para expiarla, aunque sin arrepentimiento: “reportaje abierto” me sigue pareciendo una traducción conveniente, si es que en algún caso pueden convenir los caprichos provincianos. 

Pero que este blog vaya pegado al libro que estoy escribiendo no desmiente su originalidad estrictamente periodística: no hay hecho ni noticia judicial más inquietante que el caso Mounib-Tommouhi. (Hace tiempo, además, que di en otro tema que encajaría perfectamente en este mismo método; lo que no sé es si podrán encajarlo mis fuerzas). Tampoco prueba nada en su contra que los tres periódicos nacionales –ya sólo la expresión devuelve un eco de viejo edificio monumental y mal ventilado– a los que se les ofreció este proyecto deshecharan acogerlo en sus digitales (bueno la verdad es que los dos más importantes ni siquiera se dieron por aludidos y el tercero dijo que sí, pero ¡que no habían previsto pagar a los blogueros!). Eso lo único que prueba, una vez más, es que Ferlosio algo sabe del asunto: “Sólo aquella que corre gravísimo peligro de pasar inadvertida es una verdadera novedad.”
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AVISO PARA NAVEGANTES: Si todo va según lo previsto y llego hoy a Barcelona, a partir de mañana volveré a publicar aquí diariamente, para contar las últimas visitas y entrevistas.

Semana dispersa

1.- No he empezado el capítulo cuyas notas adelanté aquí el lunes pasado.

2.- Fuentes de máxima solvencia me han confirmado que, contra lo que publiqué aquí, la sustancia H detectada en un fluido corporal no tiene, respecto del grupo sanguíneo, ninguna relación con el rh. La sustancia H expresa únicamente que se trata  de un individuo secretor -puesto que dicha sustancia se expresa en un fluido corporal, lo cual no siempre ocurre- del grupo O (cero), dentro del sistema ABO. Estupefacto tenía razón.

3.-Hace un año aproximadamente, había hablado por teléfono con el abogado de Abderrazak Mounib en la causa de Tarragona, Emilio Sainz Ortega. Me dió su móvil y me animó a que lo llamara, por si quería ampliar información. El martes por la tarde lo volví a llamar y el miércoles por la mañana no había respondido a mi mensaje. Así que insistí.

-Lo he oído y lo he pensado mejor. Y, con todo el respeto se lo digo, no  me parece ético volver ahora, para un trabajo periodístico, sobre un tema profesional del pasado.

4.-El sábado fue mi último día en La Casa Verde, aunque la despedida se alargó hasta el domingo por la mañana, como si no quisiera irme. Ha sido una suerte poder compaginar la escritura de este libro con ese trabajo y sobre todo con esos compañeros.

5.-Quiero tener el manuscrito terminado en dos meses.

Notas para “La desaparición del público”

El lunes pasado, Chema Pascual pasó por alto en su comentario que el ‘simulacro’ del título  que me tentaba atañe, además de a los condenados por la cara y a los mediadores (policías, abogados, fiscales, jueces y políticos), atañe también al público.  Sin el público no habría necesidad y sin su desaparición  no habría posibilidad. De simulacro. Ya sé que esto necesita explicarse mejor para que no parezca una contradicción. Pero tiempo habrá.
Es un capítulo que desde hace tiempo y con ese título (La desaparición del público) me traía de cabeza, y que el otro día, volviendo de la BN por la Gran Vía, lo ví más o menos claro, y anoté corriendo el esqueleto. El experimento consiste en que voy a intentar tenerlo escrito para la semana que viene. Otra muestra de work in progress. Éstas son las notas:
Añadir a La letra con sangre entra: que la fuerza notarial depende del acuerdo, no de ninguna otra relación, y de ahí la importancia de la publicidad de ese acuerdo.
La analogía con el notario, además engancha con el notario de Claret a Tommouhi sobre si Rey sostuviera lo que dijo: haría falta un notario: para qué si lo dijo delante de todo el mundo: de ahí la importancia del público, la publicidad y el periodismo, cínicamente manipulado por enrique anglés: aquello era la tele y esto un juicio. La analogía se cierra, con el fracaso de la mediación yendo los políticos a ver el notario para salir en la tele: Artur Mas. empezar quizá el capítulo por la desaparición del público, con la precisión sobre el acuerdo y la fuerza notarial: la letra con sangre entra.
“periodista: notario de la realidad”
Natalia: “traductor de la realidad”: menos importante 1 vez que hemos hablado del “acuerdo”

Simulacro cruel

17:50, 10 Septiembre. Hola, estoy en la Biblioteca Nacional. Les cuento. “Simulacro cruel”. Está sacado de este párrafo, del mismo capítulo, por cierto, que los de la semana pasada.

“El problema de ese efectismo, sin embargo,  es que sus consecuencias son reales. Es otra, si no la principal, de las razones por la que este libro tiene que pasar por encima del periodismo. Las consecuencias que esa desconexión entre el mundo y su palabra, y a eso es a lo que me refiero con lo de efectismo, ha desencadenado en los otros ámbitos de la representación de lo real a los que el periodismo acompaña y parasita, son mucho más graves. Mucho más urgentes, al menos. Los periodistas median entre lo que pasa en la calle y lo que se nos cuenta, pero los policías, los abogados, los fiscales, los jueces y los políticos, median entre la calle y la cárcel, donde a menudo se encierra a otros hombres. La novelización del periodismo es una broma de mal gusto comparada con los estragos de la Justicia poética, ese simulacro cruel.”

Resume bien el enfoque, ambiente e hipótesis del libro. Pero parece casi más un tango que un reportaje. Y, como en el tango, asoma mucho más el que canta que la que se fue, o al vesre, y lo que se busca aquí es un título que resuma la historia, no que me resuma a mí (Espectáculo cruel, perfecta síntesis entre Debord y Kraus, sería aún peor).

Hablo del título del libro. Carla me contaba el otro día, desde la India, que le había estado dando vueltas encima de un camello, y que le parecía que la cosa debería ir por “pena”, con el doble sentido de tristeza por una condena injusta y la condena misma: “Creo que esa palabra da para un juego bonito, que no jocoso, de palabras”, me escribía. Está preocupada porque vaya a volver sobre lo de “condenados por la cara”, que para mí también está agotado, y voy a deshacerme de él. Pero esa pena tampoco me convence. Quizá si me subiera a lo alto de un camello… 

No sé qué les parecerá a ustedes. Simulacro cruel. Un reportaje abierto sobre un caso cerrado. Quizá así. Pero tampoco: es que lo digo –simulacro cruel– y me viene Maquillaje y Puro Teatro, y si lo viera en una librería, no sé si le echaría un vistazo o saldría corriendo.

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14:02, 11-S.  Sigo en la Biblioteca, aunque he dormido en casa, claro. Lo releo y cada vez me gusta más, Simulacro Cruel y me convenzo de que hay tangos que también hablan del mundo, ese cambalache problemático y febril. Así que hoy le quitaría incluso el subtítulo con la palabra reportaje. Estoy harto de justificarme. Simulacro Cruel, que nos devoras, etc.

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14:19: Dicha expresión en Google.

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Hoy: Para cruel, la indecisión.

Una carpeta para Margarita Robles

Margarita Robles Fernández fue propuesta ayer como nueva vocal del Consejo General del Poder Judicial por el PSOE, confirmando así los beneficios de la gran inversión de la que hablábamos aquí. Quizá llegue a presidenta. 

Por eso, y porque desde que este mes de agosto me zambullí en la redacción del capítulo de Cornellà, vivo asombrado, he decidido abrir una carpeta con su nombre. Los invitados que me siguen en Google Docs ya lo habrán podido ver y leer: pero hoy no me resisto a adelantarlo aquí: Margarita Robles condenó a Ahmed Tommouhi en el caso de Cornellà, no sólo porque privilegiara el señalamiento de la víctima frente a los análisis científicos que lo exculpaban. Es peor todavía. ¡Es que no había entendido el informe!

De la lectura atenta y rigurosa de su sentencia se deduce que el tribunal no sabía que su razonamiento, al entrar en el contenido del informe (al que luego niega validez jurídica por un problema de forma) estaba pringándose con el semen del violador. Aunque no con el del condenado.

La frase clave de la sentencia es ésta:

“la conclusión referida tampoco excluye la comisión de los hechos por el acusado y más si se tiene en cuenta que fueron dos hombres los intervinientes en los hechos”.

La conclusión del referido informe, en el que se habían analizado manchas de sangre y esperma en la camisa polo y las bragas de la chica, es ésta:

En virtud  de dichos resultados se llega a las conclusiones siguientes: Los marcadores genéticos obtenidos en la gasa con sangre de Ahmed Tommouhi no coinciden con los marcadores genéticos encontrados en la camisa polo de N.

Volvamos a la sentencia. Subrayo “y más” porque dice, si es que sabe lo que está diciendo, más de lo que parece: dice, para empezar, que aún si sólo hubiera habido un violador, ¡UNO!,  la conclusión referida no excluiría que el acusado, Ahmed Tommouhi, pudiera ser el violador. Watson, la sangre podría ser de la chica. De hecho, ella misma había explicado al tribunal “que tenía sus ropas manchadas de sangre por una herida en el labio”. En la conclusión referida, por tanto, el tribunal no ha detectado el semen: ¿cómo si no, se puede sostener que dicha conclusión (el “y más” apunta sólo a la entrada en escena del segundo violador) no excluye la autoría de Ahmed Tommouhi aunque hubiera habido un solo asaltante, si su grupo sanguíneo (“A”) no coincidía con el del semen del violador (“B”)?

Y dice, aunque hay que seguir leyendo hasta el final de ese párrafo de la sentencia, que la sangre, pero sólo la sangre –digo yo–, siempre podía ser, ahora sí (“y más”), del otro violador:

“se ignora (…) si a la misma [ropa] tuvo acceso el otro individuo que estaba con el procesado etc.”

El orígen del problema, además de las dificultades que pudieran tener Margarita Robles y sus dos compañeros de Tribunal para entender el informe (difícilmente se puede entender algo que no se lee con atención), es que los peritos en sus conclusiones sólo se referían a los restos hallados en la camisa polo. Los resultados también afectaban, sin embargo, a los hallados en la braga. Pero los jueces, como todo el mundo sabe, sólo se leen las conclusiones de los informes.

Todavía hoy no puedo asegurar si sus dos compañeros de tribunal, Gerard Thomàs y Felipe Soler, tampoco entendieron el informe, o lo que no entendieron fue la propia redacción de la sentencia, que firmaron los tres a la unanimidad.

Un resumen de la sentencia en pdf.

El estilo de la transparencia y la transparencia del estilo

Lean estos dos párrafos de mitad del libro, por favor.

El movimiento se demuestra andando, así que me eché al monte. Pero sin ánimo anacoreta. Un hombre solo no es un hombre, es paisaje. El 22 de octubre de 2007 abrí al público esta investigación, a través de un blog en internet, en el que he ido colgando entrevistas, audios, recortes de prensa, citas, documentos, declaraciones, notas de lectura, informes periciales, reflexiones, cartas, fotos y vídeos. El material en bruto y bastantes fragmentos con los que está cosido este libro. 

La falta de autonomía de la escritura, su dependencia de la criada que enciende la lumbre, del gato que se calienta junto a la estufa, incluso del pobre viejo que también se calienta, esa necesidad que tanto desesperaba al artista Kafka, para la escritura que quiere establecer un hecho real, contra la época que lo niega, aparece como su única senda y su virtud. El link, ese pozo azul de sabiduría sin fondo, me pareció la forma más apropiada de conjurar  el riesgo que acecha a esta escritura en estos tiempos espectaculares: “el riesgo es aquí que la palabra se separe de aquello que revela y adquiera una consistencia autónoma.” (Giorgio Agamben).

Ahora lean estos otros dos, que son casi los mismos, y precisamente por eso les pido que lo lean con la misma atención, porque sólo así podremos saber si de lo que estoy hablando es de una sensibilidad pulida por el trabajo, y por tanto atenta a la experiencia en común, o sólo de un brote obsesivo.

El movimiento se demuestra andando, así que me eché al monte. Pero sin ánimo anacoreta. Un hombre solo no es un hombre, es paisaje. El 22 de octubre de 2007 abrí al público esta investigación, a través de un blog en internet, en el que he ido colgando entrevistas, audios, recortes de prensa, citas, documentos, declaraciones, notas de lectura, informes periciales, reflexiones, cartas, fotos y vídeos. El material en bruto y bastantes fragmentos con los que está cosido este libro. 

“La falta de autonomía de la escritura, su dependencia de la criada que enciende la lumbre, del gato que se calienta junto a la estufa, incluso del pobre viejo que también se calienta”, esa necesidad que tanto desesperaba al artista Kafka, para la escritura que quiere establecer un hecho real, contra la época que lo niega, aparece como su única senda y su virtud. El link, ese pozo azul de sabiduría sin fondo, me pareció la forma más apropiada de conjurar  el riesgo que acecha a esta escritura en estos tiempos espectaculares: “el riesgo es aquí que la palabra se separe de aquello que revela y adquiera una consistencia autónoma.” (Giorgio Agamben).

Los párrafos están sacados del segundo capítulo de la segunda parte, donde más o menos (más menos que más) cuento por qué este libro está escrito al margen del periodismo, o lo que viene a ser lo mismo, por qué está escrito en este blog. Esas comillas colgando de la frase de Kafka no aparecen en el primer ejemplo.

La transparencia es un concepto clave a muchos niveles, sobre todo, respecto de la investigación y la escritura,  a nivel metodológico y estilístico. La forma y el contenido, el estilo y el método, para mí, son lo mismo, así que el título de esta entrada no es un juego de palabras. El trabajo por alcanzar un estilo literario a la altura de la transparencia del método exige al mismo tiempo, que el estilo se transparente, esto es, que se haga imperceptible al lector. Todo estilo distrae de la verdad por su propio atractivo.

Eso es, me parece a mí, lo que rompen esas comillas, que están sacando al lector de su lectura para decirle, con un golpecito suave en el cogote: ojo, que mira lo que estás leyendo. Es además una expresión que si me gusta, es precisamente por su naturalidad. Quizá por eso haya sido al transplantarla cuando se me ha despertado esta vieja reacción alérgica a las comillas. Una naturalidad que creo se conserva mucho mejor en el primer párrafo, volcada la cita como quien no quiere la cosa.

La cosa es siempre la autoridad: las citas como argumento de autoridad. Y yo, en muchos casos, no la quiero. Por dos razones: la primera es que muchas de las citas las uso sólo por lo que dicen y cómo lo  dicen, no por quien las haya dicho, y todo lo que sea citar con nombres y apellidos es rebajar su fuerza y su verdad. Y dos: mientras escribo me vienen a la cabeza demasiadas, y si no alcanzo a decirlo yo mejor, me quedo, obviamente, con la cita; a veces me basta con cambiar una palabra para adecuarla a mis objetivos; otras es una frase oída a algún amigo, que ni siquiera sé si es suya o a su vez él citaba sin decirlo (así ésa del hombre solo y el paisaje, de una carta de Matías escrita creo que a la vuelta de Ushuaia); e incluso me cito a mí mismo: del blog al libro y viceversa. Todo esto haría ilegibles muchos párrafos, enredadas las ideas entre referencias de obras y autores. Así que optaré por un rigor cuajado pero sin tropezones, como un yogur: una relación de citas y autores en apéndice final para quien quiera entretenerse esculcando influencias. Lejos de mí la pretensión de parecer original.

Por supuesto, no se agota aquí todo lo que se puede decir de la relación entre una cita y el texto en el que va incrustada. Es sólo que no quería que esa criada encendiendo la lumbre tuviera que pedir disculpas por haber entrado sin llamar, como si fuera una extraña.

Edición recreativa (a la manera de Google Docs)

Anoche no encontré la manera de rescatar un párrafo suprimido del borrador del libro, que voy escribiendo en Google Docs.  Sé que lo escribí el martes o el miércoles, quizá el jueves pasado, pero entre las cientos de versiones añadidas no di con la buena. No creo que deba suponer un gran obstáculo técnico el incluir un buscador interno, que permita localizar expresiones o frases de alguna versión suprimida.  Primera decepción: porque quería contar aquí hoy cómo había llegado hasta él y por qué había que descartarlo.

Luego me acordé de que este jueves salió a la venta el primer número de la edición española de Vanity Fair y que traía un articulito mío. Hacía mucho que había mandado la nota (un comentario sobre la inauguración de la nueva California Academy of Sciencies de San Francisco, del arquitecto italiano Renzo Piano, acompañando un bonito reportaje gráfico de la edición americana). Al leerla detecté algunas de las variaciones que los editores habían incluido, aunque también –ahora lo sé– otras me pasaron desapercibidas. Contra las dudas, pensé, Google Docs: una función permite comparar dos versiones de un mismo texto, y lo hace además con una resolución gráfica sencilla, mezclando colores y tachones para distinguir el texto final del inicial. Evidentemente se podrían haber comparado a simple vista, sobre el papel, pero hablamos de precisión: de la diferencia entre vio e imaginó. Tampoco podía ser. Las dos versiones, al introducirlas por separado desde otro archivo, con la función cortar y pegar, desencajaban la estructura del texto y se hacía muy difícil entender los cambios.

Así que tiré por la calle de enmedio, y decidí hacerlo yo mismo: a mano. Abajo está el resultado. En redonda queda el texto de la primera versión (PV) que se mantiene en la versión final de la revista (VF). Tachados (así: redonda) aparecen los fragmentos de la PV suprimidos en la VF, y en cursiva, los añadidos, que no estaban en la PV pero sí aparecen en la VF.

En fin, edición recreativa. Son las cuatro y veintidós de la madrugada: Buenos días por la noche.

Por separado, aquí están la versión enviada y la versión publicada.

 

 

Un museo vivo

Arquitectura-Renzo Piano

 

Poco antes de pasar frente a la comisión para la construcción de la nueva California Academy of Sciences, Renzo Piano, uno de los seis arquitectos que optaban al proyecto, estaba asomado al tejado de uno de los viejos edificios agrietados por el terremoto que sacudió San Francisco en 1989, según contó a VF.  Piano, que este mes cumple 71 años, con barba blanca y pelo canoso, bajó luego y garabateó en su bloc, inspirado por lo que había visto, el boceto que ganó el concurso. Ocho años después, aquella visión proyectada se ha materializado, y cualquiera que visite el museo puede hacerse una idea de lo que Piano vio. Inspirado por lo que había visto, garabateó en su bloc el boceto que ganó el concurso. Ocho años y casi mil millones de dólares (635 millones de euros) después, aquel dibujo se ha convertido en una obra que los críticos califican como la mejor de este arquitecto, premio Pritzker en 1998.

 

El arquitecto italiano  Piano, fiel a su estilo de no tener estilo propio, ha creado un museo natural, transparente y vivo (además de un jardín en el techo, albergará más de mil especies animales), elegantemente fundido con el Golden Gate Park que lo acuna. Las colinas que vio imaginó rodeando la academia ondulan ahora sobre el tejado mismo de la nueva academia del museo: son y forman las cúpulas de las tres instituciones de la ciudad que acoge y que reabren sus puertas en Septiembre este mes: el Steinhart Aquarium, el Morrison Planetarium y el Kimbal Natural History Museum. Hasta ahora el complejo constituía un hito histórico y científico en San Francisco; con la remodelación, se convertirá en un prototipo de museo ecológico. Para empezar, en el interior habrá toda una declaración de intenciones a favor del medio ambiente: una selva tropical en un invernadero, un planetario enorme para observar las estrellas, un hábitat para pingüinos, además de distintas especies de peces, insectos, repitles, pájaros…. y una exposición interactiva sobre el cambio climático y el futuro de la Tierra.

Pero lo más sorprendente es el exterior. El verde del fondo, Piano lo ha “transplantado”  ha sembrado con  especies vegetales autóctonas (más de mil plantas) sobre en la superficie del techo que servirán, además, para mantenerlo fresco y absorber el agua de las tormentas. Una alfombra de tulipanes, margaritas y pequeños arbustos se extiende suavemente sobre el armazón logrando un perfecto efecto de camuflaje con el entorno. El esbelto rectángulo de muros acristalados que sostiene ese “techo vivo”, así lo llama Piano él, realza la sensación, buscada por el autor, de una conexión inmediata entre edificio y con la naturaleza.

 

 

Piano (Génova, 1937),  debutó en la escena internacional con la construcción junto a Richard Rogers del Centre Pompidou de Paris (1971-1977) El debut de Piano en la escena internacional fue polémico: la construcción del Centre Pompidou de Paris (1971-1977) junto a Richard Rogers. Un edificio estéticamente coherente con el deseo la idea de desacralizar el arte y abrir los museos al gran público, pero con una cierta adecuación original a su función específica de funcionalidad discutible: se le acusaba de tener poca superficie mural para las exposiciones y los fondos bibliográficos, por ejemplo. Esta vez, sin embargo, ha cuidado mucho acoplar estética y función: un edificio verde y sostenible para una institución que estudia la naturaleza. Gran parte del recinto se refrigera con aire natural. Uno de sus aciertos ha sido lograr que casi todo el recinto se refrigere con aire natural y evitar el aire acondicoinado, una obsesión de Piano desde hace años. A eso hay que sumar los paneles solares, el suelo radiante o que el 90% de los materiales que sobraron de la demolición del edificio antiguo se han vuelto a usar en el nuevo. Y un dato muy curioso: el 68% de los elementos usados como aislantes provienen de reciclar pantalones vaqueros (¿quizá un resto del espíritu hippy californiano?)

 

Hay otros detalles, sin embargo, que resultarán familiares al visitante atento a la trayectoria de Piano, autor también de la Terminal del Aeropuerto Internacional de Kansai, en Osaka (Japón), la Maison Hermès, en Tokio, o la reciente sede del Times de New York, el primer rascacielos levantado en la ciudad desde el 11-S. Piano, quien ha escrito que “construir es juntar elementos materiales”, tiende a repetir una parte o incluso una pieza, a menudo de inspiración orgánica, que generan un edificio armónico y equilibrado. conocedor de Piano y que provienen de su inspiración orgánica: el techo de cristal que cubre como una telaraña uno de los patios, las placas solares con forma de alargadas hojas injertadas insertadas en el porche que rodea el edifiio (y que producirán entre un 5 y un 10% de su energía), así como las pequeñas  y las piezas cuadradas y alineadas sobre el techo como escamas, son ejemplos de esa rítmica imitación de la naturaleza la techumbre a modo de escamas. Son rasgos de su estilo que se encuentran en otros edificios como la Maison Hermès en Tokio; el aeropuerto internacional de Kansai, en Osaka, Japón; o el edificio del periódico The New York Times en Nueva York.

 

Por fin, encontramos también la seña de identidad por excelencia del arquitecto italiano: la búsqueda de la transparencia, una obsesión que empezó en la década de los años 80, Renzo cuando Piano formó parte junto a Norman Foster o el propio Richard Rogers de la corriente “high tech”, que tenía entre sus símbolos más queridos el Crystal Palace de Londres (1851). La búsqueda de la transparencia sigue siendo uno de los trazos más característicos de la arquitectura de Piano, que para la para la Academy of Sciences de San Francisco se lo impuso además como una obligación dado el entorno de jardines que la enmarca. Piano sólo ha firmado un edificio en España: sobre la fachada de la sede del Luna Rossa Team para la 32 Copa América celebrada en Valencia en 2007, ensambló una serie de paneles translúcidos con materiales de viejos barcos que durante la noche devuelven un efecto linterna desde el interior iluminado. Academy of Sciences de San Francisco es la apoteosis de esa luminosidad porque está situada en medio de un parque y sus muros transparentes permiten ver la naturaleza. “La mayoría de los museos son opacos, un reino de oscuridad. Aquí, sin embargo, puedes ver el parque alrededor”, concluye Piano con satisfacción.

 

  

Añado, a la conversación de Kafka con Gustav Janouch, un apunte propio

“La vida es demasiado corta para la forma literaria extensa; demasiado fugaz para que el escritor pueda entretenerse en descripciones y comentarios; demasiado psicópata para que pueda hacerse psicología; demasiado novelesca para una novela….La vida fermenta y se descompone con demasiada rapidez para poder conservarla mucho tiempo en libros vastos y largos”.

Franz Kafka, Ante la Ley: Debolsillo, Barcelona, 2005, p. 15.

***

13.50 horas. Traigo 200 folios impresos, y encuadernados. Edding rojo. No es ni siquiera el primer borrador, como mucho el primer emborronado. Me quedan por lo menos otros cien. Pero por fin voy a ponerme a corregir. Y sobre todo, por fin puedo mirar para atrás, y esta intensa calma, esta sensación verdadera de que no me voy a morir, de que esa ansiedad –no toda la culpa la tiene el libro, ni mucho menos– que me devoraba tampoco va a poder ya conmigo, me vuelve y se instala. Más que euforia, una incierta, y poco conveniente, orgullosa rabia. Entre la intimidad y el exhibicionismo, este vértigo inseguro de sólo saber si me equivoco, si me sobrepongo, si exagero, publicándola.

Ella era así

En 1996, dos periodistas, Pilar Ferrer y Luisa Palma, publicaron “Ellas son así“, una obra con 21 perfiles de mujeres relevantes de la política española de aquellos años. El subítulo aclara que se trató de un “Retrato íntimo de las mujeres del poder“. El libro fue presentado por el entonces ministro de Justicia e Interior, Juan Alberto Belloch, el que era portavoz en el congreso del Partido Popular, Rodrigo Rato, y el ya ex jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campo. La magistrada Margarita Robles era entonces Secretaria de Estado de Interior, “viceministra”, según recogen las autoras. En 1991, había sido la primera mujer en presidir una Audiencia Provincial, la de Barcelona. En 1992, presidía el primer tribunal que condenó a Ahmed Tommouhi por la causa de Cornellà, a pesar de que el semen recogido en la braga de la chica violada no era suyo. El capítulo XV está dedicado a ella. Se titula “La primera de la clase”. Copio y pego estos párrafos que trazan los rasgos de su perfil:

 
Es Margarita Robles, viceministra de Interior, una mujer de poca estatura pero atractiva. Piernas sólidas, ademán resuelto, ojos verdes, cabello negro y labios carnosos que aprieta rápidamente para que su interlocutor no tenga ninguna duda. (…)
 
De pocos amigos, pero leales, la mujer que tiene a sus órdenes a la Policía y Guardia Civil no es, sin embargo, ambiciosa. El poder, afirma, “no sirve de nada si no haces algo por los demás, a mí me mueve la fe por cambiar la sociedad, lo peor de la política es alejarte de la realidad y yo procuro no hacerlo. [….] ¿Mandona?, pues sí, es lo que he hecho toda mi vida, no sé si por suerte o por desgracia, profesionalmente siempre he mandado, como juez y ahora aquí me he acostumbrado a decir a los demás lo que tienen que hacer“.
 
Sus años estudiantiles, […] los pasó en Barcelona. […] Allí aprendió a hablar catalán y cursó la carrera de Derecho. Las aulas hervían al calor de la transición política y las paredes reclamaban sueños de libertad, pero Robles nunca realizó pintadas en la facultad ni militó en partidos revolucionarios. Ella dedicó aquellos años a estudiar y culminar su sólida biografía de brillante alumna, aventajada y con dotes de mando: “La idea de impartir justicia siempre me fascinó, además de decidir, ser juez es para mí la mejor profesión, la que me mejor representaba  mis ideales de rectitud y seriedad al servicio de los demás.”
 
Robles necesita sentirse ella misma también en el amor y tiene claro que un tipo determinado de mujer asusta a los hombres: “Estoy convencida de ello como de que las mujeres somos también más inteligentes que los hombres, nuestro cerebro es superior, lo dicen estudios acreditados.”
 
El instinto es otro de sus puntos fuertes: “Tengo muchísimo olfato, me equivoco bastante poco, por eso he sentido pocas decepciones y desde luego nunca he sido traicionada por nadie, no lo habría tolerado. Sólo me importan las críticas de mis amigos, de los que trabajan, desprecio profundamente a esos criticadores profesionales que lo único que hacen es destructivo, criticar con ignorancia y lápiz rojo.”
 
Entré con veintitrés años de juez en un pueblecito de Lleida, era una niña y no me amilané, ahí empezó mi experiencia personal, mandar, ¿quién se atreve con la juez del pueblo?, decía la gente. En fin, mandar es también ser muy exigente contigo misma y tener capacidad organizativa.” 
 
En ocasiones entra en alguna pequeña iglesia de pueblo y disfruta con la sensación de paz, como creyente le gusta la soledad de los templos y la música de órgano de Bach, no en vano Robles, de niña, le habría gusta irse a las misiones, por aquello de la función social, y ejercer la medicina: “Esa es mi otra vocación, el derecho y la ciencia tienen algo en común, servir a los demás“. La medicina y la ciencia le interesan mucho, así como la física, que ocupa parte de sus lecturas.
  
Soy una persona de pocas dudas –dice– porque si tomo una decisión es la mejor que podía tomar y lo demás son tonterías, es saludable para la mente.”

De entre el habla y la prosa, sacar la lengua

Transcribiendo conversaciones grabadas con Ahmed Tommouhi, me enfrento con un problema del que ya había oído (leído) hablar a Janet Malcolm en el epílogo de El periodista y el asesino (2ª edición, Gedisa, 2004): la transcripción literal necesita siempre de una traducción al castellano escrito para que se entienda. Parte de la polémica suscitada por esa tesis de Malcolm (la necesidad de traducción), a raíz de una carta de Brenda Maddox, está aquí.

El problema se agrava por las serias dificultades (de forma) que tiene el señor Tommouhi al hablar castellano, pero, al mismo tiempo, se aligera por la sencillez (respecto del contenido) con la que lo hace. El señor Tommouhi habla sin florituras, directo y sincero. El resultado es de una crudeza que, para quien lo escucha y entiende, impresiona. ¿Cómo transcribir esa crudeza, sin adornarla, pero sin que pierda tampoco su fuerza? Ése es el problema.

Un problema, ya digo, que se me ha aparecido ahora que transcribo largas conversaciones. Hasta ahora, muchas de las citas suyas que he utilizado procedían de anotaciones mías tomadas a vuela pluma, por lo general breves, de otras más largas escritas después  de la conversación, al llegar a casa y escribir una nota de diario, y de las actas de las declaraciones del sumario.

Sobre las anotaciones más largas, me extraño al comprobar los matices que han ido adquiriendo, o perdiendo, esas notas según el paso del tiempo. Este párrafo, por ejemplo, es una transcripción casi literal de las notas casi literales que tomé la primera vez que lo visité en la cárcel. Yo le había preguntado si era verdad que habían ido compañeros suyos a declarar al juicio de Cornellà:

–No vino nadie. No llamaron a nadie, en ninguno de los juicios. Sólo en la causa de Terrassa. Pero no les hicieron caso. ¿Qué más hay que demostrar en mi caso?. Todo se ha demostrado, y no lo he demostrado yo. Lo han demostrado otra gente, como la Guardia Civil, trabajando duro, por las noches, qué quieren más. Conmigo se han equivocado dos veces. La primera en el 91, porque las víctimas me señalaron, pero bueno, luego se demostró que se habían equivocado, cuando apareció el gitano y la policía investigó. Me quitaron una, y las otras tres: ¿por qué no quieren investigar? En mi caso, ya todo se demostró, y lo único que ha faltado, y no debería faltar si España es de verdad un país democrático, es un hombre valiente que firme mi libertad. Porque esto es increíble que estemos pagando por lo mismo, el gitano y yo, el culpable y el inocente. ¿Qué pasa? A eso no hay derecho.

Este otro, de una historia que ya publiqué aquí, fue escrito al llegar a casa, con la memoria todavía fresca, a partir de las notas que iba tomando sobre la marcha, esto es, mientras andábamos, y durante los silencios que se producían, a menudo sentados a la mesa en un bar:

Un día comí cerca. Me encontré a uno que había conocido cuando estaba dentro [en la cárcel]. Por ahí un poco más arriba. Uno que tenía el pelo largo, despeinado y de punta. No estaba normal-normal. Hombre, qué alegría, me abrazó, todo. Vamos a tomar un café. Vamos, le dije. Tomamos café. Y cuando fue a pagar, le veo que no tiene dinero, que va a pagar con tarjeta. “Tranquilo, hombre, pago yo ”, le dije. Pagué. ¡Que yo no estoy nervioso!, me dice. Bueno, tranquilo. Ahora vamos a ir a comer a un sitio que te voy a llevar yo. No, de verdad, Jordi, se llamaba, de verdad, estoy cansado, quiero irme a casa, tranquilo. Que no, que vamos a ir a comer juntos, que te invito yo, que es un restaurante que no ponen jalufo [cerdo], que ponen pescado. De verdad, Jordi. Que tú hoy vienes a comer conmigo. Bueno. Vamos. Vamos a un cajero, mete la tarjeta, porque tiene una pensión, no estaba muy bien, y le dan 500 euros. Sacó dinero y fuimos a comer.

Este segundo me parece que suena más real , más oral. El primero, en cambio, es una anotación tomada casi en directo, y con expreso deseo de literalidad, mientras que la otra está hecha horas después. La razón que explica ese resultado paradójico, quiero creer, se debe a que en la segunda yo mismo estaba ya más habituado a oír y entender la lengua que habla Ahmed. Esto es: que como la oigo mejor, la olvido menos, y en consecuencia puedo transcribirla casi literalmente. La primera vez, aunque la entendía igual, todavía no la hablaba, no estaba familiarizado con ella, y por eso al transcribirla la debí ir traduciendo directamente a un castellano más correcto.

Más problemas: obviamente, ni se pueden embellecer los hechos ni los personajes, y esto segundo pasa por no embellecer sobre todo su palabra. Mi problema, sin embargo, no viene por derecho: no es que tenga la sensación de que hará falta ese embellecimiento para que suene poderosa la palabra de Ahmed. Es al vesre. La segunda parte de libro se articula, sin decirlo, desde dos planos: el de una palabra sin mundo, y el de un mundo sin palabra. No teman, porque luego todo es mucho más sencillo. La palabra sin mundo es la de la representación producida por el proceso judicial: una representación sin verificación, por lo que habla, y habla y declara probado, sin nada material que la sustente. Prosa revelada: verbo sin carne. El mundo sin palabra, es la voz de varios protagonistas, pruebas y documentos dejados sin efecto por esa misma representación, pero que están ahí: tan reales como usted y como yo, y en pie. La voz del condenado que queda vivo, obviamente, es crucial. El autor, por cierto, encuentra gran satisfacción en darle la palabra a esas voces. El interés, y el problema del revés, están ahí: la expresión de Ahmed Tommouhi es, por momentos, tan seca y sincera, y de tan ejemplar eficacia, como para que el desafío consista precisamente en no embellecerla de modo que acabe pareciéndose al diálogo con un actor. Porque no lo es.

Un último problema tiene que ver con la eficacia del argumento, en una discusión clave: qué nivel de castellano tenía el señor Tommouhi en 1991. Hubo víctimas que declararon que el violador hablaba “perfectamente” castellano. Cuestión dilucidada en algunas sentencias de manera espectacular, y en la que alguna víctima sigue todavía hoy haciendo hincapié, sin ver que mete la pata. Por ello quizá mantenga algún fragmento de esas transcripciones en su literalidad, para que el lector mismo pueda juzgar si habla así, o es que lo hace para disimular. Este fragmento, por ejemplo, en el que resume su caso, desde que vino su hermano con la buena nueva de que la guardia civil se había puesto a investigar hasta hoy:

Mi hermano cuando viene como te digo….Buena notisia, buena notisia. Estar tranquilo, dormir tranquilo. Mira, yo venir a mi un guardia civil me dice cogen gente tú estás pagando de parte de ellos. Y me dise: parese igual que tú. De su cara, de todo. Somos iguales. Igual gemelos, me dise. Me ha dicho que aquel guardia sivil siguiendo trabajando, no te va a dar tardar mucho. Mucho, mucho: tres, cuatro meses te va a salir a la calle. Yo he dicho, vale: me trae buena notisia mi hermano. Bien, he dicho: bien. Esperamos. Cada día llegamos más notisias buenas. Nos animamos. Bien. No pensábamos van a dejar a mí. Van a investigar bien, bien, bien. Van a revisar estas causas. Eso es que he pensado yo siempre. Y mucha gente. No sólo yo. Mucha gente que se entera, eso que piensan. Esa es la primera notisia. Estamos, mu calmao, tranquilo. Ahora va a llegar la verdad y ya está. Ahora investigar de nuevo y ya está. Y cada mes vienen con una noticia nueva: cogen coche, cogen otro. Desde luego revisan este caso: primer caso revisan. Esto va a quedar: luego esto, va a revisar este caso Olesa, luego van a revisar otro. Estamos bien. Con esperanza, má animao, más…como notisia buena. Una notisia buena me viene aquí dentro, por ahí dentro. Pero al final solo me revisan eso caso. Y cada vez, esperando, esperando. Cada vez, falta no sé qué, falta un coche, probas, preguntamos para eso, no sé qué. Al final no puede revisar todo caso. Al final no quiere revisar todo. Y vienen con mala notisia: tiene que pedir indulto, y para indultos quedar yo: sabe que cosa está dormida. Eso, jugar conmigo. Uno tirarme para otro. Y ya está. Si no aguantamos. Aguantamos al final y ya está.

Dos hombres (hace cuatro años)

ARCADI ESPADA, EL PAÍS, 13-04-2004.

Ahmed Tommouhi y Manuel Borraz se encontraron en las páginas de los periódicos. Para eso sirven. Encontrarse en los periódicos es muy parecido a topar doblando una esquina con otro cuerpo que la dobla en sentido contrario. Depende de un hilo. Es probable que los dos que topan hayan gastado el día en asuntos muy diferentes: pero los dos van a encontrarse con precisión implacable. Habría bastado con demorarse un segundo en la limpieza de los dientes. Como el gordo calvo del poema de Szymborska (Un terrorista: él observa), que vuelve al bar por los “miserables guantes” que dejó olvidados y sólo faltan 10 segundos para la bomba de las trece menos veinte.

Manuel Borraz leía el periódico y se encontró con el nombre de Tommouhi y su historia. No la ha dejado. Es el único ciudadano que no la ha dejado. La honra cautiva de esta ciudad. Es el único, también, que puede explicar la historia de Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib. Este último ya murió. Este 26 de abril hará cuatro años que murió. El último correo que Borraz envía tiene este subject: “¿Qué habría pasado si…?”. Y este párrafo: “Hace cuatro años hubo que lamentar que Mounib falleciera sin haber podido solucionar su problema y se calificó de vergonzosa la lentitud de la justicia. Ahora sabemos “qué habría pasado si” hubiera seguido vivo: ¡NADA! Lo certifica Ahmed Tommouhi, compañero de infortunios”.

La historia. La explica Borraz. En 1991 Tommouhi y Mounib fueron condenados por violación, gracias a que algunas víctimas dijeron reconocerles. Algunas víctimas deslumbradas en deslumbrantes ruedas de reconocimiento. Gracias a la perseverancia de su Omar Tommouhi y al grosor técnico y ético de un miembro de la Guardia Civil se pudo concluir que varias de las identificaciones fueron erróneas y en uno de los delitos que les achacaban pudo probarse, gracias al ADN, que otro hombre había sido el culpable.

El párrafo anterior no habría de engañar a nadie a pesar de su discreto tamaño. Porque en él, entre detención, juicio, recursos y condena anulada, caben ocho años. Fueron los que pasaron hasta que en 1999 la Fiscalía de Cataluña pidió el indulto en razón de las dudas fundadas sobre la justicia de la sentencia condenatoria. Era con esta decisión del fiscal José María Mena con la que Manuel Borraz abría otro de sus antológicos correos desesperados. Éste tenía la higiene como tema. La Fiscalía se lavó las manos, porque la ausencia de “una prueba objetiva” de su inocencia le impedía impulsar la revisión del caso. Se limitó a pedir un indulto: que Dios te perdone, Tommouhi. El Tribunal Supremo hizo lo mismo. Tampoco había pruebas “firmes y sólidas” de su inocencia. Que el Gobierno te perdone, sugirió. El Tribunal Constitucional consintió, no sin antes cerrar las puertas a la revisión del caso: que el Gobierno te perdone, Tommouhi. El Defensor del Pueblo se lavó las manos porque no puede opinar sobre asuntos judiciales y sólo le preguntó muy respetuosamente al Gobierno por qué tardaba tanto el indulto. El Rey se lavó las manos porque reina: pero pasó la queja al Gobierno. La Generalitat se lavó las manos, porque no está otro gesto entre sus competencias. Comida y alojamiento no le faltan a Tommouhi, apostilló, sin embargo. Borraz escribía esto en noviembre de 2003. Y remataba: “Así son posibles 12 higiénicos años de cárcel”.

Las últimas noticias del correo de Borraz oscilan entre el examen del caso que hará el Tribunal de Estrasburgo y la respuesta que reciba el diputado Pedret, que había preguntado al Gobierno, antes de que el Gobierno cambiara, por qué tardaba tanto en conceder el indulto. ¡Tanto!: casi cinco años desde que lo reclamara la Fiscalía. Casi 13 desde que entraron en la cárcel. Una tarde Mounib dijo a su abogado: “Acepto los errores, pero ¿algo que dura tanto es un error?”. Quizá hablara de la muerte.

Tommouhi no conoce a Manuel Borraz. Nunca se han visto. Tal vez sepa algo de él por sus abogados. Tal vez ni eso. Borraz tiene 43 años y es ingeniero. Vive en L’Hospitalet y trabaja en un pequeño taller familiar. No pertenece a nada. Es magnífico. A ningún colectivo con propósitos humanitarios. Incluso debe de ser uno de los pocos barceloneses que no están alistados en la Asociación Protectora de Toros Psíquicos. Tal vez vaya al Fòrum, a verlo, algún domingo por la mañana. Nunca le interesó particularmente el periodismo de sucesos ni las cuestiones judiciales. Sólo es que se fijó en los periódicos. Un día. A la una menos veinte. Un hombre sobre otro hombre. Por nada. Por hombre. Borraz empezó a enviar cartas a ministros, fiscales, concejales, periódicos. En 2002 construyó la web sobre el caso, un claro, conciso y emocionante ejercicio de solidaridad.

Ya he dicho que Mounib murió en prisión. Ahmed Tommouhi obtendrá este año el tercer grado y podrá salir. Llegará antes el tercer grado que el indulto. Han pasado 13 años. No hay pruebas de que violara a nadie. Hay pruebas (milagrosamente obtenidas) de que no violó a una de las víctimas por cuya agresión fue condenado. Trece años en la cárcel. Lo peor no es el error judicial. Lo peor es la burocracia indigna. El desprecio que atesora. Tommouhi dice que rechazará cualquier indulto. Se comprende. Una cosa es morir y otra ser violado.

Kilómetro 162: El discurso de la fuerza y la fuerza del discurso

Km. 162. Garabateando el caso de Cornellà, me encuentro con dos frases opuestas sobre un mismo hecho, con lo que atendiendo a un principio lógico elemental, sólo una podría ser verdadera. A simple vista, no hay gran dificultad en reconocer que la verdadera es la del abogado Pere Ramells, y que la falsa es la del Tribunal de la Sección 9ª (Margarita Robles, Gerard Thomàs y Felipe Soler). Ambas se refieren a la composición de la rueda del 14 de noviembre en Barcelona. Ramells sostiene que   

“[Ahmed Tommouhi] es de características diferentes a los otros que forman la rueda, no tiene bigote y es de complexión más gruesa, y para que conste a los efectos legales…” (Diligencia, folio 96)

El tribunal, al contrario, en su sentencia condenatoria pretende:
“Lo cierto,  es que en la diligencia, se hace constar por el juez instructor y por el secretario que los individuos son de características físicas similares.”
Yo no he visto esa diligencia a la que se remite la ponente sin citar el folio. Tampoco importa. Decía que a simple vista se puede observar quién de los dos miente, porque casualmente conocemos al menos una de las caras que compartía rueda con Ahmed Tommouhi: Abderrazak Mounib. Y esto es lo que se parecían: 
     
A la izquierda Ahmed Tommouhi, el 11 de noviembre de 1991. A la derecha, Abderrazak Mounib, dos días después. Las ruedas de Barcelona se celebraron el 14 de noviembre de 1991.

Ahora bien: de atender a las consecuencias que una y otra frase desencadenaron, habría que convenir que la del tribunal acaba siendo más real que la de Ramells: 15 años de cárcel están hay para probarlo. ¡Aunque estén equivocados! Todo esto, además de hacerme pensar en la violencia que garantiza la realidad de un discurso y otro, me reconcilia con esa distinción que siempre hace Agustín García Calvo entre la realidad y la verdad. , y que tan mal llevan muchos científicos y periodistas

 

 

La gran inversión

El caso de Cornellà es, por varias razones, el centro sobre el que pivotarán las demás condenas. La más importante es que Ahmed Tommouhi fue condenado a pesar de que el semen hallado en la zona vaginal de la braga de N. no era suyo. El condenado por violación y el semen del violador no coincidían, y ante la incoherencia del mundo, el tribunal se quedó con la coherencia incomparable del testimonio. Incomparable con el mundo. La ignorancia y las falsedades que la sentencia expone para justificar su condena paliceden ante el razonamiento analfabeto, aunque mágico, de Margarita Robles: los análisis biológicos “no podrían en modo alguno” desvirtuar el señalamiento de las víctimas, escribió la ponente. La segunda razón es que el coche que conducían los violadores esa noche fue el mismo, identificado por marca, modelo, color y matrícula, que el utilizado dos noches después en Tarragona, que es la otra condena por violación que resta a Tommouhi y Mounib. ¿Los habrían podido condenar en Tarragona de haberse declarado probado que Tommouhi no era el violador del Renault 5 gris B-7661-FW? La condena de Cornellà, y ésta es una tercera razón, fue la primera de todas.

El libro iba a acabar, muy probablemente, en Blanes. Pero veo ahora que quizá haya que añadir un epílogo de última hora: Margarita Robles suena como vocal socialista para el Consejo General del Poder Judicial que se cerrará, al parecer, en septiembre. Incluso para presidirlo. En 1991, tras convertirse en la primera mujer en presidir una Audiencia, Robles explicó una de las claves, aunque todavía no lo sabíamos,  de su filosofía jurídica sobre las agresiones sexuales:

“Como jurista pienso que lo que no se puede hacer es invertir el enjuiciamiento y exigir a la víctima que demuestre su inocencia.” (“Margarita Robles”, EL PAÍS, 23/03/91)

A alguien que, a la hora de dictar sentencia, se guía antes por la impresión de una víctima, golpeada hasta quedar inconsciente, que por los resultados de un análisis de semen, no seré yo quien le discuta lo que aquí implica, jurídicamente, el verbo invertir. Para que haya discusión tiene que haber algo en común, y el razonamiento de Robles es incomunicable. Pero ustedes solos podrán deducir que lo que el resultado de la inversión establecía era que fuera el acusado el que tenía que demostrar su inocencia. La inversión, a la magistrada Robles al menos, le ha salido muy rentable.

La fiscalía pide la excarcelación de Rafael Ricardi

Pedro Espinosa, EL PAÍS

Un hallazgo casual. La Fiscalía de Cádiz atribuye prácticamente a la suerte la inminente puesta en libertad de Rafael Ricardi, un reo que lleva 13 años en prisión que el Ministerio Público ahora piensa que no cometió. Y lo argumenta con una prueba fundamental conseguida casi milagrosamente: un descarte de ropa de la víctima no examinada entonces que permanecía almacenada desde hace una década en los almacenes del Instituto Nacional de Toxicología.

La petición de la fiscal Ángeles Ayuso permitió encontrar esa prenda, realizar un análisis y descubrir restos no hallados hasta ahora. Pertenecen a dos hombres distintos ya identificados. Ninguno es Ricardi. Ahora la Fiscalía pide su excarcelación inmediata.

Ricardi lleva encerrado desde 1995 por aquella violación. Fue condenado con el testimonio de la víctima como principal prueba inculpatoria. La mujer le identificó por la voz y un defecto en la vista. Fue sentenciado a 36 años de prisión. En 2000 la policía empezó a sospechar que era inocente, cuando un informe del Instituto Nacional de Toxicología concluyó a través del análisis de una gasa que los restos de ADN no eran de Ricardi, aunque ni fiscalía ni defensa reclamaron la revisión de la condena porque no se hallaron restos del segundo agresor y porque la principal prueba contra él había sido el testimonio de la víctima.

Esos restos de ADN pertenecían a Fernando Plaza, como pudo descubrir la Policía cuando detuvo a este hombre por otro delito en junio de 2007. También fue arrestado Juan Baños, al que la investigación apunta como presunto compañero de fechorías. Eso se supo en abril de este año. Fue entonces cuando la Fiscalía ordenó reabrir la causa. Después de 10 reconocimientos, 13 declaraciones de testigos, varias de imputados, localizaciones de fichas policiales de Ricardi y Plaza y seis tomas complementarias de ADN la Fiscalía seguía manteniendo su postura inicial de que no había motivos para revisar la condena.

Sólo hasta que la fiscal jefe de Cádiz, Ángeles Ayuso, no tuvo en su poder los resultados de las nuevas pruebas toxicológicas, que descartan a Ricardi, el Ministerio Público no ha tomado su decisión de reclamar la excarcelación del reo, a través de la libertad condicional y un tercer grado, y de pedir la revisión del caso ante el Tribunal Supremo. Una medida en la que ha intervenido directamente la Fiscalía General del Estado.

El Ministerio Público tiene por delante investigar la cadena de errores que han mantenido a un inocente tantos años en la cárcel. Entre ellos, el que se permitiera a la víctima lavarse las manos en comisaría en la noche del suceso, que no se analizara el casco y la moto en la que viajaba la mujer cuando fue agredida o que en las fotos que vio para identificar al violador sólo en una apareciera un hombre con un defecto en la vista. Él era Rafael Ricardi. La familia ya anunció que reclamará indemnizaciones y responsabilidades por estos fallos. La Fiscalía investiga una decena de violaciones ocurridas en la bahía de Cádiz durante aquella época, en la que podrían estar implicados Plaza y Baños.

En portada

[ÚLTIMAS NOTICIAS SOBRE RICARDI:

La fiscalía pedirá la liberación inmediata de Rafael Ricardi]

 

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Está en Italia. Pero volverá. Le pedí que fuera pensando en una ilustración para la portada del libro. Y me lo prometió. Conoce la historia y este blog, así que es el talentoso ideal. El único problema es que es mi amigo, aunque cosas peores se han visto. Aquí en ladoble ya han colgado algunos de sus regalitos. Mañana, si mis fuentes no me engañan (1), debuta en EL PAÍS. Pero es aquí, desde hace casi tres meses, donde va esbozando su anecdotario caricato: Martín Elfman.

(1) Me engañaban: finalmente debutó el viernes, 18 de julio.

Últimas noticias sobre Tommouhi y el otro

El ex-fiscal jefe de Cataluña, José María Mena, compareció el pasado 1 de julio en la comisión de peticiones del Parlament catalán para hablar del caso de Ahmed Tommouhi y el otro, según se refirió Mena al fallecido Abderrazak Mounib. Los periódicos (I, II y III) informaron sobre una supuesta reforma legislativa que habría propuesto Mena y que abriría una salida legal a este caso: que un nuevo tribunal revisara las causas por las que sigue cumpliendo condena. Los periodistas no debieron de aguantar hasta el final de la sesión, porque en su segundo turno de palabra, el propio Mena rebajó el opitimismo de una de las diputadas, que había interpretado –y se puso muy contenta– lo mismo que los periodistas:

“No cantemos victoria, existe una necesidad objetiva de seguridad jurídica para todos los ciudadanos, también para las víctimas; existen necesidades de plazos en la interposición de los recursos. Es decir, si se hace una propuesta que es la que yo sugiero, de reforma, en la reforma de la Ley de enjuiciamiento criminal, aquí tiene que haber unos problemas de plazos, la ley difícilmente va a dar plazos de cuatro de ocho años para recurrir, pero luego hablaremos de ello.”

Luego dijo esto:

Pongo esto como ejemplo, que se me sugiere ahora, a bote pronto, como ejemplo de que  el legislador puede inventar cómputos de plazos a partir de momentos determinados y muy bien puede decir «cuando se dé estas circunstancias, la aparición del autor auténtico, empieza a correr el plazo para  interponer el recurso de apelación», por poner un ejemplo. Quiero decir, que [con] los plazos se puede inventar algo, es cuestión de echar un poco de imaginación. “

La  interpretación periodística de la propuesta del señor Mena, con la que titularon los diarios, respecto del caso de Tommouhi y Mounib, se basa, pues, en ese poco de imaginación. El ex-fiscal jefe, además, se refería a una reforma que abriría definitivamente la doble instancia, a través de un recurso de apelación, con lo que difícilmente puede pensarse que el legislador, que ciertamente puede inventar cómputos de plazos, inventara uno para que los delitos juzgados desde 1991 en adelante, o desde 1995, pudieran ahora recurrirse en apelación. Pero es que además, en este caso las condenas en vigor son jurídicamente independientes, puesto que los hechos fueron juzgados por separado, así que la aparición de García Carbonell, que es en quien Mena estaba pensando con eso de autor auténtico, ya sobrevenida,  sólo afectó a la causa de Olesa, y así seguimos hoy, no al resto.

Cuestión distinta sería que se introdujera un nuevo supuesto entre los que abren la vía para un recurso de revisión, uno cuya redacción ajustada a este caso necesitaría, no de un poco de imaginación, sino de un milagro: casi como el de el crimen de Cuenca, cuando “El Cepa”, cuyo asesinato habían aceptado confesar dos pastores conocidos suyos, pidió casarse. (Los otros supuestos contemplados hoy en el recurso de revisión son: cuando aparezcan dos condenados por los mismos hechos, cuando la condena se base en un testiminio falso, o en una confesión obtenida ilegalmente, y cuando aparezcan hechos nuevos que evidencien la inocencia del condenado.)

Sobre la petición de indulto, que él mismo había cursado, Mena adelantó una tesis para explicar por qué durante nueve años nadie quiso resolverlo o, lo que viene a ser lo mismo, qué significaban exactamente las palabras del ex ministro López Aguilar cuando dijo que el indulto no era “un mensaje asumible“:

No fue posible, por lo que se ha dicho, y porque cuando ya fue interpuesto el recurso [de indulto] nos encontrábamos, para desdicha del señor Tommouhi, en una fase social positiva, pero con contradicciones, de nuestra dinámica progresista y democrática, que eran los momentos más fervientes de la lucha contra la violencia de género. En esos momentos, pienso yo, y lo pienso con conocimiento de causa [subrayado mío], el Ministerio no tuvo capacidad operativa, como para comparecer concediendo el indulto con la oposición de las víctimas concretas, del hecho concreto, más la terri…, tremenda, terrible no, pero tremenda presión beligerante de quienes estaban apoyando lo que luego ha sido la Ley integral contra la violencia de género.

Por último, de la lectura de las informaciones periodísticas se deduce que ninguno, salvo el diario El Punt, sabe que el Gobierno denegó el indulto de Ahmed Tommouhi el pasado 30 de abril. (Aunque El Punt yerra al sostener que el indulto ha sido denegado por dos gobiernos distintos). De la lectura del acta de la comparecencia, se deduce que Mena tampoco: “Hay soluciones distintas, como es la posibilidad de matices de interpretación en la aplicación de la Ley del indulto”. Dijo hay, el pasado 1 de julio.

 

Después de lo escrito: Ya hay otro diario que se ha enterado: El País de hoy  afirma pretende que la denegación del indulto, publicada hace tres semanas (aquí, aquí y aquí), había pasado, excepto para Manuel Borraz, “absolutamente desapercibida”.

Disculpen las molestias

La entrada de esta semana se podrá consultar mañana martes, 8 de julio.

El libro, en pocas palabras

Wordle genera nubes de etiquetas a partir de un texto introducido. Las palabras más repetidas resaltan  con un tamaño proporcional a su frecuencia. Yo he metido las 118 páginas del libro que llevo escritas y sale esto:

 

Aquí, a un tamaño legible.

Entre las más frecuentes aparecen “ya” y “pues”. La una denota cierta desesperación y la otra insiste en lo evidente. Así que me aplicaré a afeitarlas.

Alá y el silencio de los periódicos

Hace una semana que sabemos que el Gobierno denegó el indulto a Ahmed Tommouhi (no me consta que hayan resuelto el de Abderrazak Mounib). Tote y Estupefacto han comentado aquí la sorpresa que les produce que ningún periódico haya publicado la noticia. Estupefacto se pregunta por qué si durante nueve años ha sido noticia el retraso en la resolución, no lo ha sido la resolución del retraso. Tote me señala directamente: “que conteste Braulio, ¿no?”

Recojo el guante, aunque solo tengo clara una parte muy pequeña de la respuesta. Antes que cualquier explicación teórica, el por qué la noticia no ha salido en El País, con la posibilidad de que hubiera luego podido ser rebotada por otros medios, se debe en parte a una razón muy tonta: Mónica C. Belaza, experta en condenados por la cara del periódico (I, II y III) está de vacaciones.

¿Por qué no han dicho ni mú, Pere Ríos (El País), Ildefonso Olmedo (El Mundo) o Domingo Marchena (La Vanguardia), que durante años han seguido el caso? No lo sé. Imagino que algo tendrá que ver el cansancio. Pero me parece que influye también el poco glamour de la noticia. Aunque fuera, probablemente,  la última noticia que iban a poder sacar sobre el asunto. La realidad, una vez más, ha estropeado el final de una buena historia: un induto sin resolver durante años, era, en cada cumpleaños, una buena historia. Ahora ya no.

Que la resolución sería negativa ya lo había anunciado el ex ministro de Justicia, López Aguilar: “El Gobierno ha decidido que no es un mensaje asumible indultar a una persona condenada por violación”, declaró hace dos años. El enviado del ministerio al programa que Hoy por Hoy le dedicó a este tema cuando se cumplían siete años sin que se hubiera resuelto el indulto dejó entrever, sin embargo, la verdadera razón por  la que no se resolvía: “es que sería muy fácil decir que este expediente se va a llevar al Consejo de Ministros, exclusivamente, para que se rechace. Es decir, cuando se plantean cosas al Consejo de Ministros es para cuestiones que sean favorables al interesado”. La respuesta es una idiotez: el Consejo de Ministrros resuelve negativamente la inmensa mayoría de los  indultos (sólo el 5% de las las 9.390 solicitudes presentadas en 2005 fueron aprobadas, por ejemplo). Pero es una idiotez reveladora de la única forma de justicia que en el ministerio y la fiscalía estaban dispuestos a ofrecer a estos dos condenados por la cara: justicia poética. No querían resolverlo porque no querían denegárselo. Pero tampoco era un mensaje asumible…

Ésa es también la única forma de justicia por la que está dispuesto a trabajar el periodismo divine. Nadie ha buscado otra explicación que no fuera la del trágico error. Nadie ha preguntado a los responsables. El documental del pasado martes (puede verse íntegro aquí) es el último ejemplo: no había pruebas de su inocencia, dice tranquilamente el señor Fiscal Jefe, y cambia el plano.  “¿Las buscó usted, señor Mena?”, me gustará preguntarle. En un papel que envió  al señor Tommouhi a finales de 1999 a la cárcel, el periodista escribió toda una declaración de principios: “Confía en alá. Pronto serás libre.” Confía en Alá, porque lo que es en nosotros…

La denegación del indulto es un acto demasiado trivial, demasiado burocrático como para cerrar un drama. Que pueda ser al mismo tiempo demasiado brutal, debe obviarse en este caso: es una brutalidad que, por muy compleja que sea, el más tonto sabe que también les señala  a ellos. 

Nota: Como bien comenta Estupefacto, dos excepciones digitales confirman la regla de papel: Arcadi Espada y Manuel Trallero.