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Margarita Robles y el caso de Cornellà

Última actualización

A partir de hoy, el dominio http://www.ladoblehelice.com acoge la transformación de este blog en otra cosa. Esta herramienta que durante casi dos años y medio ha estado al servicio de un proyecto, la investigación y escritura de un libro, Justicia poética, deja por tanto de actualizarse.

Pero no se vayan, porque todo seguirá donde estaba: www.ladoblehelice.com

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Justicia Poética está en las librerías

Poco más de un mes

El libro estará en las librerías españolas a finales de enero. He cambiado el título. Y estoy muy contento: Falsos testigos del porvenir era mucho más oscuro que Justicia poética. Los dos recogen bien el tiempo del que habla, pero el de la edición argentina lo hacía sólo calificando a sus funcionarios, que levantan acta del mundo como si el mundo fuera una hoja en blanco. Este de la edición española anuncia mejor el estilo y el tema del libro, que es para lo que sirven los títulos. Y es, aun con todas sus ambigüedades, más transparente. La portada de Martín Elfman, como ya dije, creo que  ilustra a la perfección la tesis del libro. Tanto, que incluso contiene la doble lectura que el texto no llega a desarrollar del todo y que no sé si alguna vez escribiré. Los párrafos de la contraportada mejoraron mucho después de pasar por las manos de Arantxa Martínez. En fin, que no me importaría que me juzguen no sólo por el contenido, sino también por la forma del libro, cosa que agradezco a Elena Ramírez, editora de Seix Barral, hacia donde un mensajero se acaba de llevar las pruebas corregidas.

Edición española

La versión española de Falsos testigos del porvenir aparecerá  en febrero de 2010, publicada por Seix Barral.

Así que ahora que empiezo a trabajar con vistas a esa reedición, y trabajaré hasta que termine agosto, agradezco los comentarios, sugerencias y correcciones que los lectores de la edición argentina quieran dejar aquí.

El libro está en la calle

Falsos testigos del porvenir ya está disponible aquí.

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La condensación (semen seco)

La gran tentación es abusar de la palabra “inocente”. En el documental  De Nens, se ve al presidente del tribunal advirtiendo, no sé si al testigo o al defensor que pregunta, que el concepto “inocente” sólo tiene una interpretación posible, y es jurídica. Estoy de acuerdo.

En este caso es fácil abusar de él sin correr además ningún riesgo: el recurso literario está cantado desde que en el caso de Olesa se demostró científicamente que eran inocentes y así fue reconocido por el Tribunal Supremo. Se llama generalización. Siempre me ha parecido ridículo ese (ab)uso, y que al único que absuelve además es al que abusa, no a los condenados: nadie mejor que Tommouhi lo ha expresado: “estoy en la calle, pero sigo estando condenado”, me dijo la primera vez que lo vi en Martorell.

Una juez, joven y profesional –defendía que su profesión tenía una relación directa con la verdad de las cosas–, me señaló los riesgos  que supondría publicar que alguien es inocente existiendo sentencia firme. El Consejo (General del Poder Judicial) no lo consentiría, algo así vino a decir. Yo creo que se toma demasiado en serio al Consejo. Aunque confieso que no me he informado a fondo sobre este asunto; sobre los riesgos. Teniendo en cuenta que la ponente de la sentencia firme contra la que se dirigirá esa afirmación es vocal de ese Consejo, la cosa va cogiendo interés. 

En el caso de Cornellà todos mis desvelos han ido en ese sentido. Este párrafo condensa, achicada el agua al comienzo de uno de los capítulos, el trabajo del caso:

Margarita Robles Fernández, Gérard Thomàs Andreu y Felipe Soler Ferrer condenaron por violación a un hombre distinto del que eyaculó dentro de N.F.  la noche del 7 de noviembre de 1991 en Cornellà y cuyo semen se recuperó deshidratado en la zona vaginal de la braga. El violador continúa impune. Ahmed Tommouhi, cumpliendo condena. Siempre me había resistido a creer que fuera sólo un acto de soberbia. La sentencia muestra ahora que antes hubo un problema de ignorancia: no entendieron el informe pericial.  

Es cierta cada una de sus frases, y así se publicará. Que esto se pueda escribir y publicar debería, en un estado de derecho digno de ese nombre, dar lugar a dos únicas  consecuencias: que se demuestre que es falso y que se castigue en consecuencia a quien lo escribe; o que se demuestre, y se reconozca jurídicamente, la verdad que contiene. De lo contrario, sería admitir que tres chamanes puedan arruinar la vida de un inocente (y consentir de hecho la impunidad).

Esta otra breve, precisa y admirable sentencia del Supremo abre, en mi opinión, el camino jurisprudencial para la segunda opción. Deberían leerla todos los que, verdaderamente, tienen algún interés íntimo, esto es, común, en este caso.

Una carpeta para Margarita Robles

Margarita Robles Fernández fue propuesta ayer como nueva vocal del Consejo General del Poder Judicial por el PSOE, confirmando así los beneficios de la gran inversión de la que hablábamos aquí. Quizá llegue a presidenta. 

Por eso, y porque desde que este mes de agosto me zambullí en la redacción del capítulo de Cornellà, vivo asombrado, he decidido abrir una carpeta con su nombre. Los invitados que me siguen en Google Docs ya lo habrán podido ver y leer: pero hoy no me resisto a adelantarlo aquí: Margarita Robles condenó a Ahmed Tommouhi en el caso de Cornellà, no sólo porque privilegiara el señalamiento de la víctima frente a los análisis científicos que lo exculpaban. Es peor todavía. ¡Es que no había entendido el informe!

De la lectura atenta y rigurosa de su sentencia se deduce que el tribunal no sabía que su razonamiento, al entrar en el contenido del informe (al que luego niega validez jurídica por un problema de forma) estaba pringándose con el semen del violador. Aunque no con el del condenado.

La frase clave de la sentencia es ésta:

“la conclusión referida tampoco excluye la comisión de los hechos por el acusado y más si se tiene en cuenta que fueron dos hombres los intervinientes en los hechos”.

La conclusión del referido informe, en el que se habían analizado manchas de sangre y esperma en la camisa polo y las bragas de la chica, es ésta:

En virtud  de dichos resultados se llega a las conclusiones siguientes: Los marcadores genéticos obtenidos en la gasa con sangre de Ahmed Tommouhi no coinciden con los marcadores genéticos encontrados en la camisa polo de N.

Volvamos a la sentencia. Subrayo “y más” porque dice, si es que sabe lo que está diciendo, más de lo que parece: dice, para empezar, que aún si sólo hubiera habido un violador, ¡UNO!,  la conclusión referida no excluiría que el acusado, Ahmed Tommouhi, pudiera ser el violador. Watson, la sangre podría ser de la chica. De hecho, ella misma había explicado al tribunal “que tenía sus ropas manchadas de sangre por una herida en el labio”. En la conclusión referida, por tanto, el tribunal no ha detectado el semen: ¿cómo si no, se puede sostener que dicha conclusión (el “y más” apunta sólo a la entrada en escena del segundo violador) no excluye la autoría de Ahmed Tommouhi aunque hubiera habido un solo asaltante, si su grupo sanguíneo (“A”) no coincidía con el del semen del violador (“B”)?

Y dice, aunque hay que seguir leyendo hasta el final de ese párrafo de la sentencia, que la sangre, pero sólo la sangre –digo yo–, siempre podía ser, ahora sí (“y más”), del otro violador:

“se ignora (…) si a la misma [ropa] tuvo acceso el otro individuo que estaba con el procesado etc.”

El orígen del problema, además de las dificultades que pudieran tener Margarita Robles y sus dos compañeros de Tribunal para entender el informe (difícilmente se puede entender algo que no se lee con atención), es que los peritos en sus conclusiones sólo se referían a los restos hallados en la camisa polo. Los resultados también afectaban, sin embargo, a los hallados en la braga. Pero los jueces, como todo el mundo sabe, sólo se leen las conclusiones de los informes.

Todavía hoy no puedo asegurar si sus dos compañeros de tribunal, Gerard Thomàs y Felipe Soler, tampoco entendieron el informe, o lo que no entendieron fue la propia redacción de la sentencia, que firmaron los tres a la unanimidad.

Un resumen de la sentencia en pdf.