Archivo de la categoría: Correspondencias

Última actualización

A partir de hoy, el dominio http://www.ladoblehelice.com acoge la transformación de este blog en otra cosa. Esta herramienta que durante casi dos años y medio ha estado al servicio de un proyecto, la investigación y escritura de un libro, Justicia poética, deja por tanto de actualizarse.

Pero no se vayan, porque todo seguirá donde estaba: www.ladoblehelice.com

Justicia Poética está en las librerías

Poco más de un mes

El libro estará en las librerías españolas a finales de enero. He cambiado el título. Y estoy muy contento: Falsos testigos del porvenir era mucho más oscuro que Justicia poética. Los dos recogen bien el tiempo del que habla, pero el de la edición argentina lo hacía sólo calificando a sus funcionarios, que levantan acta del mundo como si el mundo fuera una hoja en blanco. Este de la edición española anuncia mejor el estilo y el tema del libro, que es para lo que sirven los títulos. Y es, aun con todas sus ambigüedades, más transparente. La portada de Martín Elfman, como ya dije, creo que  ilustra a la perfección la tesis del libro. Tanto, que incluso contiene la doble lectura que el texto no llega a desarrollar del todo y que no sé si alguna vez escribiré. Los párrafos de la contraportada mejoraron mucho después de pasar por las manos de Arantxa Martínez. En fin, que no me importaría que me juzguen no sólo por el contenido, sino también por la forma del libro, cosa que agradezco a Elena Ramírez, editora de Seix Barral, hacia donde un mensajero se acaba de llevar las pruebas corregidas.

El periodismo se compra

Queridos:

Mucho os he hablado de un proyecto del que nada os he contado. Ahora

sí: Ya estamos trabajando, y os dejo un enlace que seguro os

interesa.

http://www.elperiodismosecompra.com

Abrazos.

Edición española

La versión española de Falsos testigos del porvenir aparecerá  en febrero de 2010, publicada por Seix Barral.

Así que ahora que empiezo a trabajar con vistas a esa reedición, y trabajaré hasta que termine agosto, agradezco los comentarios, sugerencias y correcciones que los lectores de la edición argentina quieran dejar aquí.

Autoliteratura

[EL LIBRO ESTÁ EN LA CALLE]

Si pasáramos un algodón por el capítulo siete del libro, las manchas de tinta –¡de sudor!– que dejarían las razones personales del autor para escribirlo –mezquinas por definición– quizá se parecerían bastante a “esta carta a oscuras”. Tenía 28 años. No me interesaba la radio (profesionalmente, ¡internet tampoco!). Básicamente, era gilipollas. La debí de enviar a Londres, a C., al día siguiente de escribirla. Es, con sus tachones,  lo último que les dejo aquí.

A cuidarse y hasta la vista*.

Torrelodones, 8 de agosto de 2006.

[…]

***

Me aburro soberanamente, amor, en el trabajo. En la SER. Ya no tengo ni ganas de proponer temas: prefiero que me endosen alguno […]  y prepararlos como si fuera un trabajo eminentemente técnico, como quien embala cajas de cartón. No me ha vuelto a contestar Monteira, sobre lo de Galicia. […] Cuando envié aquella solicitud para lo de Migrinter, tampoco al principio estaba muy convencido, pero a medida que le fui dedicando horas y pensamientos al proyecto me fui entusiasmando: cuando me dijeron que  no me habían seleccionado fue como si me hubieran robado los recuerdos de infancia, como si hubiera descubierto que, en verdad, nunca hubieran existido los veranos sin colegio y con amigos. Fue un mazazo, lo que pasa es que lo de [que me enviaran a] la SER me había dejado tan hundido que éste apenas me rebajó ya la altura: estaba por los suelos. […] Luego, algún día, la gente vendrá y me dirá que tengo una estrella, que todo me sale bien, pero yo también llevo mis fracasitos rotos como muñequitas sin cabeza. Párrafos como éste me hacen sentir, ahora sí, como un Peter Pan de pacotilla.

Me llamó la atención la explicación que tú me diste para todas mis dudas profesionales: “yo creo a veces, amor, que es también un problema de inseguridad”, me dijiste más o menos. No estoy muy seguro, pero entendí que querías decir que por esa inseguridad no acometía nada en serio: ni lo de periodista, ni lo de la tesis para luego ser profesor, etc. Es cierto que hay inseguridad, pero creo que en una dirección del todo distinta a la que tú señalabas. Sinceramente, creo que con más o menos esfuerzo, con más o menos travesía del desierto, podría ser periodista o profesor sin ningún problema. Con el pito, que diría Benito Floro. Sólo hay que trabajar duro.

El problema es para qué. Por desgracia, y por mucho que lea a García Calvo, yo también caigo en la trampa de imaginar o pensar a dónde lleva eso, y el horizonte de éxito en esos campos me horroriza. Los he visto por dentro, y hay ejemplos –bastantes– a los que [admiro]  y que creo que han disfrutado su vida y su carrera (no se pueden separar si quieres disfrutar alguna de algo) en esos mundillos, pero veo el panorama bastante desolador. Llegar lejos en ese mundo, tener algún día responsabilidades, me horroriza. Sencillamente porque no sé si mi estómago lo aguantaría. Y, en el caso de que lo aguantara, pobre de mí.

De lo que no estoy seguro, y ésa sí es mi inseguridad, es de si se puede (si podré, porque hay gente que seguro que lo está consiguiendo) sobrevivir en los márgenes de ese mundo. De cualquiera de ellos. Si se puede trabajar en la academia, escribiendo y trabajando contra la academia: la academia donde el 90% de lo que se publica es basura y el 70% de los profesores están contratados gracias a un sistema endogámico. Y qué decir del periodismo, donde sencillamente el 90% de lo que se publica es irrelevante, y el 10% restante, que suele ser más importante directamente mentira. Lo jodido además es que este último diez % es sobre cosas verdaderamente importantes. Un periodismo que es, sobre todo, mala literatura y propaganda, y que su único papel consiste en proyectar un la imagen de la sociedad feliz, por mucho que lo disimulen exponiendo la imagen de los infelices que han sido, o creen ellos que lo han sido, aparatados de la sociedad; una felicidad que aparece como tal, por supuesto, porque es incontestable. Se me hace muy duro pensar que tengo que esforzarme por eso. De la teoría del sacrificio no me creo nada: ningún camino de ningún la mentira no conduce hasta la verdad, la desigualdad nunca traerá la igualdad y no hay camino infeliz que lleve a la felicidad. No hay plazos que valgan.

Ejemplo práctico. Ahora tengo delante una excelente oportunidad: y no es Galicia, claro. Es Tommouhi. Es la oportunidad soñada una y mil veces. ¿Por qué, sin embargo, no me sumerjo sumerjo en ella a pecho descubierto? Por inseguridad, bien sûr. Eso si es inseguridad. Y ni siquiera de que lo podría hacer bien en condiciones óptimas: inseguridad de que lo pueda hacer bien con lo que hay. Y hay, entre otras cosas, mucha gente que te rodea y a cuyos ritmos te habituas y que espera mucho de ti, o al menos que espera lo conveniente, lo natural, y que te acompaña si coincide que pasas por pasabas por allí: no mucho más. Por supuesto, no creo que sea reprochable. Sencillamente es.

Y tampoco quiero condiciones óptimas porque las únicas condiciones óptimas que son óptimas para hacer el libro que hay que hacer, son las que no son óptimas. Esto es, aquellas que plantean todo tipo de dificultades pero que nunca impondrían nada a la boca que pregunta, la cabeza que piensa ni la mano que escribe. Ni plazos, ni estilos, ni tamaños ni obligación. Eso sería óptimo. Pero, claro, ¿cómo decir en la SER, no a la “SER”, sino a mis compañeros de carne y hueso como yo, que me dejo la beca ya, porque ya quiero ponerme a escribir un libro sobre Tommouhi (“Braulio, estás obsesionado”, me dijo a todo esto Á., mi colega del Máster: ¡y es mi colega!); ¿tú crees que al día siguiente no me iban a mirar como a un loco? ¿tú crees que no hay gente en el Máster que si supiera algo estaría haciendo cábalas a ver lo que tardo en darme la hostia? ¿Crees que mucha gente me llamaría para tomar un café cuando no pueda quedar para cenar porque mi fin de mes empieza “desde el día 3”? Es casi más todas esas renuncias de pacotilla lo que me crea una inseguridad acojonante: verme en la intemperie y sin nada que escribir, y tener que volverle a pedir dinero –por fin se lo devolví todo el viernes– a mi hermano Rafa.

Todas esas preguntas me asaltan, mon amour; perdóname por tostarte la oreja, pero sólo el pensar que te lo estoy contando a ti me hace aclararme un poco más, mi niña de “mirada limpia e inteligencia clara”.

Te quiero, locura.

[firma]

*Cuando sepa la fecha de publicación en España, la anunciaré aquí.

El libro está en la calle

Falsos testigos del porvenir ya está disponible aquí.

portada_falsos_testigos_por

Carta desde Ibiza

Entre los papeles que Ahmed Tommouhi me dejó fotocopiar ayer, esta carta que un ciudadano le había enviado a la cárcel, el 20 de agosto de 2005, desde Ibiza.

Carta abierta al gabinete de prensa del TSJC

Tarde o temprano acaba uno llamando a la puerta de un gabinete de prensa. Mariona P. Q. es redactora en el del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Esta mañana he pasado a verla y hemos acordado que le ponía por escrito la relación de entrevistados y los motivos por los que me interesan. Este es el mensaje que acabo de enviarle.

Estimada Mariona:

Según lo acordado esta mañana, paso a comentarle los motivos y las personas que centran mi interés:

I.- El libro del que le he hablado será publicado por Seix Barral a principios de 2009. En él, además de los argumentos y los relatos fácticos de las sentencias (todas declaran probados hechos que luego se han revelado falsos), aparecen citados con nombre y apellidos los magistrados que formaban los tribunales de la Audiencia Provincial de Barcelona que condenaron a Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib entre los años 1991 y 1994. Para que los magistrados que quisieran dar su versión de los hechos puedan hacerlo, es mi deber solicitarle las siguientes entrevistas (cito por las secciones a las que pertenecían en aquellos años):

Sección 5ª:

          D. Modesto Ariñez Lázaro

          Dª. Elena Guindulain Oliveras

          Dª. Nuria Zamora Pérez

 Sección 9ª:

          D. Felipe Soler Ferrer

 Sección 6ª:

          D. Antonio Perea Vallano

    Dª. María José Feliu Morell
    Dª María Pilar de Prada Bengoa

II.-D. Ahmed Tommouhi presentó un escrito el pasado 7 de Febrero de 2008, en las citadas secciones. Reclamaba un testimonio de su expediente judicial que obra en los archivos de cada una de las secretarías. A día de hoy, el señor Tommouhi sigue sin recibir respuesta de la Sección 9ª. Me interesaría conocer, y más cuando en otros secciones la respuesta no sólo fue pronta y positiva, si no diligente en la entrega de esa copia del expediente, los motivos por los que la Sección 9ª guarda este silencio de ocho meses.

III. Con el magistrado D. Gerard Thomàs Andreu, de esa misma sección novena, ya hablé en una ocasión, aunque fugazmente, en los pasillos de la Audiencia. Quizá lo haya olvidado. Le agradecería en todo caso que le haga saber que las notas de aquella conversación están publicadas en el blog que sobre esta investigación mantengo en Internet desde hace un año (www.ladoblehelice.com). En concreto, las encontrará en la entrada del jueves 6 de marzo de 2008, bajo el título “La convicción y la certeza y el punto de vista“. Todo ello por si quisiera añadir, rectificar o corregir sus manifestaciones en algún sentido.

IV. Por último, comunicarle que según acostumbro, este mensaje también está publicado en el citado blog.

Sin más, reciba mi agradecimiento por adelantado.

B.G.J.

La carta devuelta de una víctima

La carta que le envié a E., la chica violada en Viladecans (caso Gavà), fue devuelta: “dirección incorrecta”, según el acuse de recibo del 16 de enero de 2008. Hoy, de vuelta a Barcelona después de tres semanas, voy a ir a comprobar la dirección personalmente.

Adelanté que, pese al compromiso de la transparencia, no publicaría las cartas enviadas a las víctimas sin haberlas avisado primero. La devolución de ésta me permite invertir los términos: la publico porque la chica ya no la va a leer. Llamaré a su puerta, de acertar con su dirección, y le explicaré por qué esta carta abierta.

En fin, la carta era ésta:

Estimada E. M.:

Me he permitido escribirle, aunque no me conoce, después de muchos meses pensando en hacerlo. Mi nombre está más arriba, tengo 29 años y soy periodista. Le ruego me disculpe si la sorpresa de esta carta le resultara molesta.

Estoy escribiendo un libro. Supongo que ya se lo imagina. Sí, es sobre los hechos del otoño de 1991 y sobre la vida de las dos personas que fueron condenadas como autores en algunos casos. En el suyo, hubo absolución. En otros, ni siquiera fueron juzgados.

La razón que explica suerte tan dispar, no sé si la conoce: nunca apareció ninguna prueba, más allá de la “identificación” por parte de algunas víctimas, que implicara a los dos ciudadanos marroquíes en los hechos. Así que todo dependió, exclusivamente, de lo que dijeron las víctimas: unas que sí, otras que no.

Si he de confesar, no tengo del todo claro lo que dijo usted. Y no porque no haya leído sus declaraciones una y otra vez, no menos de 20 ó 25 veces, intentando oír sus palabras más allá de lo que transcribían los secretarios judiciales. No crea que juego a las adivinanzas: es que sólo a través de las contradicciones que se reflejan en esos escritos, se puede uno hacer una idea más o menos de lo que en verdad usted decía.

Me quedo con la cita de su declaración del día del juicio oral, donde usted aclaró que lo había señalado

por ser de raza árabe y de constitución anatómica parecida a la de su agresor, pero sin estar segura de que se trate de la misma persona”

El Tribunal lo absolvió: no sé cómo recibió usted esa sentencia, si con rabia, porque temiera usted que el acusado sí que fuera el autor de los hechos, o como un descanso, porque por fin había logrado deshacer un malentendido.

No lo sé, pero por las declaraciones suyas que he leído, ya le digo, creo que usted había intentado dejar eso claro mucho antes. En concreto, en una declaración que prestó ante el juez instructor, ya aclaraba que

en ninguna de las dos [ruedas] estaba segura de su reconocimiento”

El juez, aún así, decidió procesar al señalado y, no sólo eso, un mes después escribió que usted había ratificado el reconocimiento en ambas ruedas y dictó prisión provisional. Ya le adelanto que hoy martes, en un blog que mantengo en Internet sobre esta investigación, me detendré a analizar todo esto. Puede consultarlo aquí: www.ladoblehelice.com.

No sé si sabe que cuatro años después se repitieron unos hechos muy parecidos, también a manos de dos hombres “al parecer norteafricanos”, y que hablaban una lengua “árabe”, y que uno de ellos fue finalmente detenido: era gitano y hablaba caló. Que era físicamente idéntico al marroquí que usted había señalado como de “constitución anatómica parecida”, pero sin estar segura de que él fuera el autor.

La Guardia Civil tampoco estaba tan segura. En cuanto detuvieron al del año 95, uno de sus agentes redactó un informe avisando de que quizá se había producido un error con los condenados en 1991, y que el verdadero autor era el detenido del 95 y la otra persona no identificada. Las pruebas de ADN, que sólo se pudieron practicar en un caso, el de Olesa, confirmaron su hipótesis. Los autores de los hechos de Olesa, cometidos el 5 de noviembre de 1991, eran los mismos autores que los del 95: Los dos marroquíes eran inocentes, y así lo reconoció el Tribunal Supremo en 1997.

Pero hay más. Después de demostrado el error, y por motivos que sería demasiado largo explicar aquí, uno de ellos murió en la cárcel, tres años después, y el acusado que fue en su caso absuelto, ha pasado 15 años preso. Hoy está en libertad condicional, pero, él mismo lo dice: “todavía no soy un hombre libre”. De hecho su condena vence en 2009.

Yo llevo dos años y medio metido en esta historia. El blog que le citaba antes, existe desde hace tres meses. Es un intento por desarrollar este trabajo a la vista de todo el mundo. No por exhibicionismo, sino por transparencia. Ahí contaba el jueves pasado (“El encontronazo con el Otro”) que me llena de curiosidad una frase del acusado, que en un juicio posterior declaró que en el caso en que había sido absuelto, la chica se le acercó y le habló. Que él no había entendido lo que le decía, pero que algo le dijo.

Esa chica sólo puede ser usted, porque en ningún otro caso lo absolvieron. Me he preguntado muchas veces qué es lo que le dijo, y por qué. No sé si usted lo recuerda, y si querría contármelo.

He empezado esta carta diciendo que el libro trata de la vida de dos condenados. Yo querría que el libro tratara de la de ustedes también. Pero eso es algo que sólo de ustedes depende. Yo le animo, sinceramente.

Agradeciéndole por adelantado su atención, reciba un saludo cordial:

 

 

Braulio García Jaén.

G.

Yo volvía a casa después de haber estado en Sabadell, frente a la de García Carbonell. El teléfono sonó al entrar en el ascensor. Cuando ya había pulsado el cuarto, oí que preguntaban por mi nombre:

-Soy G. S., añadió.

G. es una de las dos víctimas de Cornellà.

–Hola, G. Me pillas en el ascensor. ¿Qué tal?

–Pues nada, que he recibido tu carta, y he decidido ponerme en contacto contigo.

–Pues muy bien. Bueno, como te explico en la carta –ya fuera del ascensor, abriendo la puerta con la compra en una mano y la llave en la otra, el teléfono mordido entre la cabeza y el hombro—estoy escribiendo un libro sobre esta historia, y bueno, llevo bastante tiempo, más de dos años, aunque he tardado en ponerme en contacto con vosotras. ¿Por qué? Pues porque, no sé, porque bueno, me parecía un poco delicado, pero ahora que estoy llegando al final, bueno al final, a los últimos 8 ó 9 meses –suelto la compra en el poyete de la cocina, y paso al salón—pues creo que debía hablar con vosotras también.

Le he contado que quiero escribir el libro, y que bueno, que la historia no va sólo de estos dos inocentes condenados. Que todos los datos que he ido reuniendo apuntan a que sí, a que hubo un error judicial [en todos los casos], pero que es mi obligación y mi método tener siempre presente la duda de que a lo mejor no hubo tal error. Obviamente, he añadido: “Pero, si te soy sincero, todo lo que he visto y reunido hasta ahora apunta a que sí, a que hubo ese error”.

–A ver. Yo es que no me lo explico. Yo los ví en la tele, que eran dos inocentes y tal, y la verdad es que me indignó un poco y fui a la policía a informarme. Les dije: A ver,  si tenéis las ropas y podéis hacer el ADN, no entiendo por qué se ha podido cometer un error así.

Luego me explicará, y te lo cuento ya lector, para que no caigas en el mismo error que yo, que lo que le indignó fue que aparecieran ellos como pobrecitos y nosotras, ¿qué?. Sigue:

–Yo acudí al Palacio de Justicia a informarme del caso, para ver cómo iba, y allí me enteré de que uno de ellos había muerto en la cárcel y tal, y que bueno, para asegurarme también de que seguían cumpliendo la condena.

–Porque a ver. Nosotras entramos por separado [a las ruedas de reconocimiento]. Yo entré sola. Y N., –¿has hablado con N.?, me preguntará luego—también. Y había mucha gente allí, y todas coincidimos en el mismo.

–Yo sé que había tres, que había uno que era el cabecilla y que el otro quedó sin detener. Que por eso nosotras no reconocimos al del bigote, porque ése no iba el día aquel que nos cogieron a nosotras.

–Y yo nunca dije que fuera gitano. Que también salieron diciendo eso. Hay cosas que he olvidado, pero también hay otras que recuerdo perfectamente: y no me olvido. Yo dije a la policía que tenía aspecto gitano, pero se lo dije para que buscara a alguien así, con esa pinta, pero no que fuera de raza gitana.

–La policía me dijo –me cuenta en otro momento de la conversación–, que esos análisis no se podían hacer. A ver, le dije, no me diga eso porque yo estudio laboratorio y sé que se puede hacer y sé que el ADN no deja duda.

–A ver, que a mí me puedes hablar con total confianza, sin ningún problema, que yo esto ya lo tengo superado.

Yo le había dicho que le mandaría algún reportaje sobre la historia. Insisto:

–Eso, y mándame las fotos.

–Sí, sí. Te mando uno dónde sale la foto del marroquí y la del gitano.

Gitano no. [Risas] Que yo no he dicho que sea gitano: dije que parecía gitano.

Y me pregunta

–¿Y que vas a hacer, vas a escribir un libro, no, con esto?

–Sí, sí.

–Bueno, pues cuando lo publiques, dame un toque que lo compraré.

Tenía la voz tranquila, aunque ha habido dos o tres momentos, segundos, en que ha temblado, ligerísima, casi imperceptiblemente. Sonríe. Es amable y cordial.

17 de Enero de 2008

Señor Cónsul

18 de Abril de 1992.

Centro Penitenciario de Tarragona.

Esta carta es para el consulado de Marruecos en Barcelona.

Nosotros somos marroquíes, tenemos papeles de Marruecos y papeles de España, y estamos apuntados también en vuestra oficina.

Nos detuvieron el día 15 de Noviembre de 1991; se equivocaron porque nos parecemos a dos violadores. Nos detuvieron a los dos.

Yo tengo cuatro hijos y mujer. Viven aquí conmigo en Barcelona. El otro: también está casado y tiene tres hijos: se llama Ahmed Tommouhi.

Señor cónsul: nosotros no somos gente mala. Señor cónsul esperamos que nos ayude (“que nos eches una mano”).

Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib.

Nos encontramos en Tarragona.

Comentarios sobre el (primer) adelanto

E-mail a mis editores: Thu, 31 Jan 2008 18:44:48 +0100 (CET).

Estimados Sergio y Paula:

Les comento que estoy de acuerdo con casi todas sus correcciones [sobre el primer capítulo que les envié]. Con todas, más bien: ni [la descripción geográfica] del comienzo, ni la forma de exponer las sentencias del final, me convencen. Lo primero distrae al lector y lo segundo lo abruma.

Los casos en batería es verdad que también  cansan. No he vuelto a releerlo, pero es la sensación que me quedó al enviarlo: sobre todo los centrales donde, además,  es un exceso el triple punto de vista, por ejemplo, que hay en uno de los de Vilafranca (chica, conductor francés y chico).

En cuanto a las soluciones que me proponen, discrepo algo. Entre la historia arquetípica y la historia total, por usar los términos de Sergio, contra su recomendación, yo me quedaría con la historia total. Por dos razones: la primera es que no creo en los arquetipos para casos reales: la brutalidad de todo esto es que sucedió sin ninguna explicación causal: simplemente se sucedieron uno detrás de otro. La única razón fue la falta de razones. No solo las violaciones: también las condenas.

Pero la segunda es que el recurso a ese posible caso arquetípico se va a utilizar, pero en la segunda parte y no como un argumento causal: sino como espejo. Los errores no se produjeron porque se parecían mucho. Eso puede explicar el error de las víctimas, aunque ni mucho menos tiene la aparente importancia  que se le ha concedido. Los errores se produjeron por una desconexión absoluta con la realidad, porque nadie buscó correspondencia entre lo que las víctimas decían y el mundo del que hablaban.

Y es ahí donde el caso de Olesa, el revisado por el Supremo, juega el papel de espejo. Sabemos que la víctima se equivocó. Eso lo sabrá el lector también desde el final de la primera parte. Pero luego sabremos de las piruetas que tuvo que hacer el Tribunal para cometer ese error: tuvo que saltar por encima de otras víctimas que, llamadas a testificar por la defensa, también los señalaban, pero que habían sido asaltadas [–violada la chica–] cuando ellos ya estaban en la cárcel; por encima de análisis de semen, aunque no de ADN, igualmente exculpatorios [de momento, esto es sólo una hipótesis, a falta de una segunda confirmación], por encima de la imposibilidad física de Mounib (tenía un hidrocele, quiste testicular, de grado II-III), y por encima de un informe de la Guardia Civil que sostenía que no había indicio alguno de que ambos marroquíes se conocieran antes de ser detenidos.

En los otros dos casos que serán la columna del libro (Cornellà y Tarragona,  el resto de condenas son por robo) las piruetas tuvieron que saltar por encima de obstáculos, en el fondo iguales, pero en la superficie mucho más abultados: el resultado fue que las piruetas resultan más increíbles aún. De verdad que no hay que razonar entre un caso y otro: bastará con enfrentarlos para que se multiplique el efecto de arbitrariedad de los tribunales. Es, a cada caso, el más difícil todavía.

La importancia de la confusión con las caras, que ciertamente existió, es un asunto exclusivo de las víctimas: para ello bastará con enfrentar no sólo a M. (Olesa) con el resultado del ADN. También a las víctimas del 95 que fueron señalando, sucesivamente, a Tommouhi y Mounib, a otros dos marroquíes detenidos en 1995, y a tres paquistaníes detenidos días después. Cuando finalmente detuvieron al gitano, ninguna lo reconoció. Pero el ADN sí, en seis casos. Esto se irá repartiendo a largo de todo el libro.

 Les envío un sumario detallado de la primera parte (sólo para entendidos, claro), donde verán:

a) que el comienzo es otro muy distinto: empezarará por el error de las víctimas del 95.

y b) han desaparecido de la primera parte los casos “menores” (Vilafranca y Gavà –absolución–), salvo aquellos que se cometieron con el Renault 5, pues es el hilo que irá apareciendo y desapareciendo durante todo el libro. Así también llegamos mucho antes (aunque no se aprecie en el sumario han desaparecido entre ocho y diez páginas) a los dos condenados, Tommouhi y Mounib.

[…]

Un abrazo.

El policía escribe al condenado

El fiscal, obviamente, no estaba.

***

Uno de los comienzos de esta historia. El 13 de septiembre de 1995, el agente de la policía judicial de Martorell, Reyes Benitez, recibió una carta de Ahmed Tommouhi, preso en la cárcel de Can Brians (Barcelona). El mismo Reyes le había hecho llegar su dirección a través de su hermano, Omar Tommouhi. Hacía dos meses que habían detenido a Antonio García Carbonell. Ésta fue la respuesta Reyes:

Martorell, 13 de Septiembre de 1995

Sr. Ahmed Tommouch [sic]:

En el día de la fecha, he recibido su carta en la que me explica cuál es su situación. Quiero decirle que, junto con otros compañeros, pienso que Ud. es inocente de los delitos de los que ha sido acusado y condenado.

Quiero hacerle saber también que estamos realizando gestiones para esclarecer la verdad y que Ud. pueda salir de la cárcel.

Sin embargo, no quiero hacerle concebir muchas esperanzas, ni puedo prometerle nada, pero sí quiero que sepa que realizaremos todas las gestiones que legalmente podemos realizar para conseguirlo.

Cuando hablé con su hermano, al cual conocí en la calle, y debido quizás al poco conocimiento  que el mismo tiene del castellano, éste no debió de entenderme bien. Sería necesario que Ud. entregase mi dirección a su abogado, al objeto de poder entrevistarme con él, dado que el mismo puede disponer de información de la cual nosotros no disponermos, dado que su caso sólo lo conozco a nivel policial, desconociendo todo el procedimiento de instrucción judicial seguido.

Sí sabemos que Ud. ha sido condenado por alguno de los delitos, habiendo sido declarado [¿inocente?] en otros, pero desconocemos cuáles son unos y otros.

Igualmente, desconocemos las pruebas que pudieron ser aportadas durante  la instrucción, así como las diligencias que se practicaron.

Como todo esto es muy complicado de tratar mediante cartas, pienso que sería conveniente que Ud. solicitara una entrevista conmigo.

Desconozco los trámites a seguir para poder realizarla, pero Ud. podrá informare en ese Centro de los trámites a seguir.

Una vez los conozca, puede escribirme a la dirección que Ud. tiene y si es autorizada dicha visita, no tengo ningún inconveniente en desplazarme a Brians para realizarla y poder tratar este asunto con Ud.

Firma

Carta al preso

Estimado  Antonio García Carbonell:

Me permito escribirle, sin conocerle, porque estoy trabajando en un libro sobre Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib, dos marroquíes que fueron condenados después de una ola de violaciones cometida en Cataluña en el otoño de 1991.

Usted es parte también de su historia. En uno de los casos, el Tribunal Supremo falló que se había cometido un error  y que uno de los autores de la violación de Olesa era usted y otra persona no identificada.  

Que yo sepa, nunca ha hablado usted sobre aquel asunto. O no públicamente, al menos. Lo único que ha dicho al respecto, que fue admitir los hechos de Olesa, ya dejó claro su abogado entonces que se trataba sólo de rebajar la pena.

Pero ese silencio quizá se deba a que nadie le ha preguntado todavía lo que usted piensa de este asunto.  Yo le escribo para eso. Por si en verdad quiere contármelo.

No sé mucho de su vida, la verdad. Que tenía mujer y once hijos, y que antes de las condenas de 1995 no había tenido usted problemas serios con la justicia. Que vivía de la chatarra que vendía y de vender en algún mercadillo, no sé si fruta, si ropa, si qué. 

He sabido que los primeros meses después de su ingreso en prisión fueron duros. Que tuvo problemas con el estómago y que adelgazó 40 kilos. 

La gente con la que he hablado me cuenta que era usted un hombre respetado en su barrio.  Que hubo varios testigos que se presentaron en el juicio para testificar a su favor,  pero que las pruebas de ADN convencieron al Tribunal. Una veintena de vecinos habían firmado un documento acreditando su buena conducta durante los años que había vivido usted en su barrio de Sabadell. No sé si querría contarme cómo se desarrolló el juicio.

Me gustaría tener alguna comunicación con usted. Estoy estos días por Barcelona, y seguiré viniendo con frecuencia. Podría ir a visitarlo a la cárcel cuando prefiera.  

Le dejo una dirección y un teléfono de contacto.  

Le agradezco su atención por adelantado. 

Un saludo.

B. G. J.  

El carro delante de los caballos

 

 

La magistrada Margarita Robles declinó el lunes, por teléfono, volver sobre este caso. [Robles fue la ponente de la sentencia del caso Cornellà]. Ésta es la transcripción de la conversación. El teléfono sonó a las 13:43.

–Hola, sí, ¿Braulio García Jaén?

–Sí.

–Sí, mire. Soy Margarita Robles, que he recibido una carta suya.

–Sí. 

–Pues, mire, es que yo ya no sé: cómo me voy a acordar yo de un caso que ocurrió hace tantos años. A mí me parece muy bien que usted escriba su libro, y que haga un análisis. Pero no me parece serio y sería muy frívola yo, si me pusiese ahora a hablar de algo que pasó hace tanto tiempo. Llevo 28 años en la judicatura, dictando sentencias. ¿Usted sabe en 28 años cuantas sentencias he podido dictar yo? Pues si le digo que 4000 ó 5000… Sabe, es una cuestión también de sanidad mental: no puedo recordarlas todas.

–Ya, pero bueno. Teniendo en cuenta que este es un caso bastante particular, había pensado que quizá…

–Un caso particular para usted, que está escribiendo sobre él. Pero no para mí. ¿Usted sabe con cuántos dramas humanos trabajo yo diariamente?

–¿Ni siquiera repasando la sentencia?

–Ni siquiera. Mire, de verdad, que le felicito por su libro, pero nada más.

–Bueno.

–Buenos días. 

–Gracias.

 

La conversación no debió durar más de dos minutos. No dió tiempo a que corrigiera su interpretación de lo que signfica caso particular. Lo hago ahora. Cuando hablo de caso  particular no es porque yo esté escribiendo un libro sobre él. Margarita Robles pone el carro delante de  los caballos. Es al revés: yo escribo el libro porque es un caso particular.

El contenido jurídico de la expresión “caso particular”, directamente relacionado con la causa que sentenció la señora Robles, es:

a) el Fiscal Jefe pide un indulto para una persona condenada por  violación y robo con violencia;

b)el Tribunal Supremo lo recomienda al Gobierno como la “salida más adecuada”;

c) y el propio Tribunal Juzgador que presidió en su día Margarita Robles, la Sección Novena, informó favorablemente al indulto.

Entre los 4.000 ó 5000 casos que haya podido sentenciar la señora Robles en 28 años de judicatura –los argumentos de autoridad proliferan cuando la autoridad se queda sin argumentos–, el número de casos que cumplen con esas tres condiciones es, que yo sepa, UNO. Este. Un caso que seguiría siendo particular, incluso si la señora Robles nunca hubiera escrito la sentencia que lo juzgó.

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(14:12. Las dos últimas horas y cincuenta y ocho minutos del hombre que nunca lo supo, de Miguel Ángel Maya León, ha obtenido el Premio de Narrativa Caja Madrid 2008. La obra será publicada por Lengua de Trapo. El autor ha prometido a quien esto anuncia una comida en el restaurante Viridiana, la próxima vez que pise Madrid. Espero no sea uno de esos tugurios infectos que tanto gustan a sus personajes. Dicho sea esto entre paréntesis)

 

 

 

Carta abierta a una magistrada

 

Margarita Robles Fernández

Magistrada del Tribunal Supremo

Plaza Villa de París, s/n

Madrid 

 

 

Excma. Margarita Robles Fernández:

Me permito escribirle esta carta abierta después de leer una entrevista suya publicada en el diario EL PAÍS, el 4 de diciembre pasado. Me sorprendió gratamente, en especial, este párrafo en el que usted precisaba que aunque es feliz siendo magistrada, hay cosas de la justicia que le causan gran pesar:

“Me queda el gran pesar de no dar respuesta a las quejas de los ciudadanos con más celeridad. Porque no hay que olvidar que detrás de cada caso hay un problema humano. Yo, por ejemplo, acabo de poner una sentencia sobre una reclamación judicial, que data de 1994, por un error médico. ¡No es de recibo que tardemos 13 años en dar la razón a esa persona! ¿Tiene arreglo la justicia? Pues no lo sé. Es difícil”.

No crea que he tardado todo este tiempo en escribirle. Es que no la había leído hasta hoy. Le escribo casi en caliente todavía. Me sudan las manos. En parte porque llevo todo el día trabajando con el ordenador, tecleando, pero, a qué negarlo, también por la emoción que me ha causado encontrarme con estas palabras. Y no sólo lo segundo tiene que ver con usted.

Lo primero también. He llegado hasta esa entrevista porque estoy escribiendo un libro, y buscaba información sobre usted, que tiene un cierto protagonismo en la historia. El libro trata de la vida de Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib durante los últimos 16 años, que en el caso de este segundo se divide entre los que nueve que vivió y los siete que lleva muerto. Murió en la cárcel en 2000, tres años después de que se demostrara que había sido condenado injustamente.

Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib fueron condenados después de una ola de violaciones cometida en Cataluña en 1991. Una de esas condenas fue revocada seis años después por el Tribunal Supremo, donde usted ejerce ahora. En 1992 usted presidía la Sección Novena de la Audiencia Provincial de Barcelona, y fue la ponente de la primera sentencia que condenó a Ahmed Tommouhi. 

En junio de 2006, hablé fugazmente con Gerard Thomás, el actual presidente de dicha sección, que como usted sabrá informó a favor del indulto que para Tommouhi (y Mounib también) había solicitado  en 1999 el entonces  Fiscal Jefe de Cataluña, José María Mena. Me gustaría hablar también con usted.

Ya en una ocasión hablamos por teléfono. La llamé desde la Cadena SER, en mayo de 2006, porque estaba preparando un tema sobre los siete años que el Gobierno llevaba entonces sin resolver ese indulto, para Hoy por Hoy. Me dijo usted que había pasado demasiado tiempo, y que prefería no volver sobre el tema.

Ahora leo que no hay que olvidar que detrás de cada caso hay un problema humano, y que es el gran problema de la justicia. Tras la sentencia revisada por el Tribunal Supremo en 1997, tanto la fiscalía como ese Alto Tribunal, han reconocido que hay “serias dudas” de que Ahmed Tommouhi fuera el autor de las violaciones por las que fue condenado. Me gustaría saber si alberga usted alguna (duda), o,  por el contrario, en qué sigue basando su convencimiento. 

No sé, pues, si aceptaría  esa entrevista, con vistas a la redacción del libro, en el que ya le adelanto que el caso que usted juzgó ocupa un espacio central, o prefiere, como ya me dijo en aquella ocasión, remitirse exclusivamente a lo que escribió en la sentencia.  La cual, por cierto, muscula mucha convicción, pero dudosa certeza.

Esperando su respuesta, reciba mi agradecimiento por adelantado. 

Cordialmente,

Braulio García Jaén.

De palique con la Fiscalía

No me gusta escribir, en general: me angustia, sudo y  obtengo muy poco a cambio. Nada, de hecho. Hablar me gusta. Leer.  Escribir, no: salvo las cartas, o ahora los e-mails, cuando no son un asunto rutinario. Las cartas son directas, concretas, y generalmente obtienes como mínimo una respuesta. Es un diálogo: quizá sin el pellizco, la frescura, de tener al otro enfrente, pero que al menos te da la tranquilidad de saber que hay alguien ahí fuera.

Ayer recibí la respuesta de la Fiscalía del TSJC a la solicitud que hice  el pasado 7 de noviembre para entrevistarme con la Fiscal Jefa, Teresa Compte, sobre este caso. La respuesta, de momento, es que no: no entienden mi letra. Literalmente.  Este nuevo intento, espero poder enviarlo a lo largo de la mañana, certificado, con acuse de recibo y letra impresa.  

Estimado Señor, D. Martín Rodríguez Sol*:

Recibida su respuesta de referencia 2587, que consta de los dos folios que le adjunto, a mi solicitud de entrevista con la Exma. Fiscal Jefa del Tribunal Superior de Cataluña, Doña Teresa Compte, quiero precisar dos cuestiones.

La primera es que yo no presenté una “denuncia”, como afirma en su escrito. Por ello, no puedo saber a qué diligencias se refiere al comunicarme “que se ha acordado el archivo de las diligencias incoadas por las razones que constan en el Derecho, cuya fotocopia adjunto”, según cita textual del primer folio.

Sorprendentemente, dicha fotocopia adjunta no se refiere ni a esa supuesta denuncia, ni a las diligencias citadas, sino que expone la razón por la que se me ha denegado la petición: al parecer, mi solicitud, manuscrita, hablaba de  “dos individuos con nombre ilegible”. En consecuencia, “la solicitud no puede ser atendida con los datos aportados”, concluye el primer párrafo.

Excusándome por mi caligrafía, y dado que añade que todo ello es sin “perjuicio de que una vez correctamente identificados los sujetos y la causa judicial, y constatado [mi] interés, pudiera ser atendido por algún fiscal”, paso a identificar  a los dos sujetos a los que en mi primera solicitud nombraba con letra, al parecer, ilegible: son Abderrazak Mounib y Ahmed Tommouhi. Ésta es la segunda de las cuestiones que quería precisar.

Debo advertirle, sin embargo, que sus nombres han sido escritos de decenas de formas diferentes, todas incorrectas, dependiendo del expediente o documento oficial, también los de esa fiscalía, que se citara. Así por ejemplo, en la petición de indulto que para ellos, aunque en contra de la voluntad de los reos, cursó el anterior Fiscal Jefe de ese Tribunal Superior, don José María Mena, aparecía escrito “Tommouch”. Lo cito  por si le sirve de guía. Le adjunto fotocopia de esa petición, donde se identifican las causas de ambos sujetos. 

En todo caso, y dado que se trata casi con seguridad de la única ocasión en que esa Fiscalía ha solicitado el indulto para dos personas condenadas por varias violaciones, robos con violencia y lesiones, no creo que su localización deba suponer un obstáculo insalvable. 

Por si en mi primera solicitud tampoco hubiera resultado legible, le reitero que el objeto de la entrevista es conocer la postura de la Fiscalía de cara a la redacción del libro en el que estoy trabajando, y que publicará Seix Barral en 2008, sobre este caso.

Esperando que esta vez su respuesta sea positiva, y dejo así constancia de que mi interés sigue vivo, reciba un cordial saludo y mi más sincero agradecimiento.

Firma.

(*) Fiscal del Servicio de Apoyo a la Jefatura.

Excma. Fiscal Jefa de Cataluña

Correspondencias 

Ante la EXCMA FISCALIA DEL TRIBUNAL SUPERIOR DE CATALUÑA (…):

  

“Con el objeto de conocer  la postura de la fiscalía ante este  caso, de si mantiene alguna investigación abierta al respecto,  y de si la nueva ley sobre identificadores de ADN podría modificar en algo dicha postura, o abre [al menos] alguna posibilidad, desearía entrevistarme con la Excma Fiscal Jefe, [Teresa Compte]”.

  En Barcelona, a  7 de noviembre de 2007.