Archivo mensual: noviembre 2008

“Vale, no me peguéis más: soy un elefante”, dijo el conejo

El Acido Desoxirribonucléico (ADN) fue descodificado por primera vez para identificar a un violador en 1987. Colin Pitchfork, un panadero de Narborough, en el condado de Leicester (Inglaterra), había violado y asesinado a dos chicas del pueblo en 1983 y 1986, y así quedó probado gracias a la huella genética y a un amigo suyo que hablaba demasiado.
 
El primer sospechoso que manejó la policía, Richard Buckland, tenía 17 años, era del pueblo, conocía a Dawn Ashworth, la segunda víctima, y en los interrogatorios había desvelado detalles sobre el cuerpo de la chica, de 15 años, que llamaron la atención de los investigadores. Buckland acabó confesando, en interrogatorios posteriores, que él había asesinado a Dawn, aunque no admitió el asesinato de Lynda Mann, también de 15 años.
 
Tres años antes, Alec Jeffreys, un genetista de la Universidad de Leicester, había descubierto por casualidad que aunque la secuencia completa de ADN en su inmensa mayoría es común a todos los seres humanos, hay pequeñas regiones que son altamente variables, llamadas microsatélites, cuyo análisis podía llegar a identificar un individuo a través de su huella genética. Tenía pensado hacerlo público en un seminario en otoño de 1984, pero un accidente doméstico de su hija pequeña le impidió participar. Una mención pública de su descubrimiento, antes de haber tramitado la solicitud de la patente, le habría hecho perder los derechos de acuerdo a la legislación británica.  El descubrimiento fue patentado y publicado finalmente en 1985, en el número 314 de Nature.
                                                                                                                                                                                     Cuando Buckland confesó, los análisis de Jeffreys ya habían permitido  a un chico ghanés regresar a Inglaterra para vivir con su madre.  Las autoridades antiinmigración exigían una prueba que demostrara que era hijo de la ciudadana británica que lo esperaba. El ADN probó que era cierto. La policía británica, por su parte, estaba convencida de que Richard Buckland era también el asesino de Lynda, la segunda víctima, así que pidió al laboratorio de Jeffreys comparar las muestras de semen recuperadas en ambos cuerpos con la sangre de Buckland. La prueba perfiló que las dos muestras de semen eran del mismo hombre, y que ese hombre no era el confeso Richard Buckland.
 
La estrategia siguiente, consensuada entre la policía y el Servicio de Ciencia Forense (FSS, en inglés), consistió en invitar a los hombres del pueblo a someterse voluntariamente a un análisis de ADN. Deseosos de demostrar su inocencia, unos 5.000 hombres se dejaron tomar muestras de saliva o sangre.  Ninguno de los perfiles coincidía con el semen de las violaciones. Meses después, uno de los voluntarios, Ian Kelly, se jactó en público de haber ganado 200 libras esterlinas aportando muestras a  nombre de un amigo suyo, y dijo el nombre: Colin Pitchfork, condenado el 22 de enero de 1988 a cadena perpetua, fue el primer culpable identificado gracias a una prueba de ADN. Richard Buckland, el primer inocente exonerado.
                                                                                                                                                                           
En EE UU,  223 condenados –muchos de ellos a muerte– han visto reconocida su inocencia gracias al ADN y  a  Proyecto Inocencia desde 1992.  En España no hay registro.