Dentro-fuera, de la cárcel y de la cabeza

“Si me mandan un DNI para venirme a ver, o me mandan un teléfono, o una dirección, vale. Pero escribir a mi hijo o a mi hija, aquí, o en Marruecos, nunca. Ni cartas ni nada. A veces, cuando me mandaban una carta, Omar la sacaba del sobre, la metía en otro con mi dirección de aquí de Brians y me la dejaba. Pero nada de palabras graves. No. Hola, saludos, estamos bien, y ya está. Yo se lo dije: no quiero cuentos. Que si ha pasado esto, que si lo otro, que si no sé qué. Nstchchch, nstchchch. Mucha gente a la que le cuentan todo lo que pasa fuera se vuelven locos dentro, ¿me entiendes? Muchos. Si no sabes cómo arreglar esos problemas, y te llegan cartas, el teléfono, no sé qué; y hoy no duermes, mañana tampoco, la semana que viene igual, la sangre te come y cuando te das cuenta ya estás hablando solo. ¿Sí o no? [risas] Que me cago en no sé qué, que me cago en el rey: ya estás hablando solo. Te lo digo yo que he pasado 15 años con gente que estaba bien…El problema no es la droga, no es sólo la droga de la cárcel. Lo otro también es un problema. Si te llegan malas noticias, hoy, mañana, durante un tiempo, no tardarás tanto que te veas hablando solo. No sabes cómo ponerte; vas a pedir mediación y vas a dormir. Pero si esa medicación te la tomas dos o tres veces, fuuuuch [acompaña el cortante sonido con un gesto del brazo y la mano como una hoz]; cuando piden la medicación y le traen los potitos, se vuelven como cabras. Cuando los llaman para la comida no van a comer. ¡A comer! Y van los últimos. Y si no lo toman…Había uno conmigo que tomó esa medicación durante mucho tiempo. Y aún así, cuando gritaba mucho, se lo llevaban y le inyectaban aquí [en el brazo]; se quedaba quince días por los suelos. Sólo pedía agua, o por favor vete a buscar un café y invitame…Y más potitos…Pero cuando le inyectaban esa vacuna, se quedaba quince días muy grave. ¡En el suelo! Yo dormía con él. Pasaba tiempo conmigo, hablaba con él: bla-bla-bla-bla-bla. Me cargaba un poco. Ya está, le dije: no te tomes más esa medicación. Habla con ellos, con educación, despacio: sin gritar, sin chillarles, porque si no te llevarán otra vez. Estuvo un día o dos sin tomar nada. Una mañana se levantó así: bailando sólo: aaaahaaaahaahhaah [hace temblar su voz y su cuerpo], ¿me entiendes? De verdad. Le dije: ¿qué te pasa? Mira, Ahmed, me dijo: no querías que tomara nada y mira cómo estoy. Esa mañana, a la hora del desayuno y del café, le trajeron la medicación. Rápido. La tomó y se quedó dormido. Luego, se quedó en una toma al día. Por lo menos, eso le hizo bien para su alteración…La gente me decía: ya ves…Cada tanto, no mucho tiempo, te encuentras en el patio uno así, ¿me entiendes? Por eso vienen esos problemas: porque les llega esto, les llega lo otro…Como mucho, si uno es muy fuerte, aguantará un año, tragándose noticias. Si es fuerte. Un año aguanta. Si tienes condena larga, porque si tienes una condena de un año, dos o tres, sabes que va a pasar rápido y no te comes mucho el coco si viene la familia, o te llaman, no pasa nada; pero si tienes mucha condena… Gente normal que por la tarde se ha vuelto loca.”

(Ahmed Tommouhi, Martorell, octubre de 2008)

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