Ella era así

En 1996, dos periodistas, Pilar Ferrer y Luisa Palma, publicaron “Ellas son así“, una obra con 21 perfiles de mujeres relevantes de la política española de aquellos años. El subítulo aclara que se trató de un “Retrato íntimo de las mujeres del poder“. El libro fue presentado por el entonces ministro de Justicia e Interior, Juan Alberto Belloch, el que era portavoz en el congreso del Partido Popular, Rodrigo Rato, y el ya ex jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campo. La magistrada Margarita Robles era entonces Secretaria de Estado de Interior, “viceministra”, según recogen las autoras. En 1991, había sido la primera mujer en presidir una Audiencia Provincial, la de Barcelona. En 1992, presidía el primer tribunal que condenó a Ahmed Tommouhi por la causa de Cornellà, a pesar de que el semen recogido en la braga de la chica violada no era suyo. El capítulo XV está dedicado a ella. Se titula “La primera de la clase”. Copio y pego estos párrafos que trazan los rasgos de su perfil:

 
Es Margarita Robles, viceministra de Interior, una mujer de poca estatura pero atractiva. Piernas sólidas, ademán resuelto, ojos verdes, cabello negro y labios carnosos que aprieta rápidamente para que su interlocutor no tenga ninguna duda. (…)
 
De pocos amigos, pero leales, la mujer que tiene a sus órdenes a la Policía y Guardia Civil no es, sin embargo, ambiciosa. El poder, afirma, “no sirve de nada si no haces algo por los demás, a mí me mueve la fe por cambiar la sociedad, lo peor de la política es alejarte de la realidad y yo procuro no hacerlo. [….] ¿Mandona?, pues sí, es lo que he hecho toda mi vida, no sé si por suerte o por desgracia, profesionalmente siempre he mandado, como juez y ahora aquí me he acostumbrado a decir a los demás lo que tienen que hacer“.
 
Sus años estudiantiles, […] los pasó en Barcelona. […] Allí aprendió a hablar catalán y cursó la carrera de Derecho. Las aulas hervían al calor de la transición política y las paredes reclamaban sueños de libertad, pero Robles nunca realizó pintadas en la facultad ni militó en partidos revolucionarios. Ella dedicó aquellos años a estudiar y culminar su sólida biografía de brillante alumna, aventajada y con dotes de mando: “La idea de impartir justicia siempre me fascinó, además de decidir, ser juez es para mí la mejor profesión, la que me mejor representaba  mis ideales de rectitud y seriedad al servicio de los demás.”
 
Robles necesita sentirse ella misma también en el amor y tiene claro que un tipo determinado de mujer asusta a los hombres: “Estoy convencida de ello como de que las mujeres somos también más inteligentes que los hombres, nuestro cerebro es superior, lo dicen estudios acreditados.”
 
El instinto es otro de sus puntos fuertes: “Tengo muchísimo olfato, me equivoco bastante poco, por eso he sentido pocas decepciones y desde luego nunca he sido traicionada por nadie, no lo habría tolerado. Sólo me importan las críticas de mis amigos, de los que trabajan, desprecio profundamente a esos criticadores profesionales que lo único que hacen es destructivo, criticar con ignorancia y lápiz rojo.”
 
Entré con veintitrés años de juez en un pueblecito de Lleida, era una niña y no me amilané, ahí empezó mi experiencia personal, mandar, ¿quién se atreve con la juez del pueblo?, decía la gente. En fin, mandar es también ser muy exigente contigo misma y tener capacidad organizativa.” 
 
En ocasiones entra en alguna pequeña iglesia de pueblo y disfruta con la sensación de paz, como creyente le gusta la soledad de los templos y la música de órgano de Bach, no en vano Robles, de niña, le habría gusta irse a las misiones, por aquello de la función social, y ejercer la medicina: “Esa es mi otra vocación, el derecho y la ciencia tienen algo en común, servir a los demás“. La medicina y la ciencia le interesan mucho, así como la física, que ocupa parte de sus lecturas.
  
Soy una persona de pocas dudas –dice– porque si tomo una decisión es la mejor que podía tomar y lo demás son tonterías, es saludable para la mente.”
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3 Respuestas a “Ella era así

  1. Joder, eso de tener pocas dudas está bien si eres camarero, pero cuando eres juez suena un poco mal.

  2. El otro día conocí a una mujer a la que le gustaba pensar un poquito, de vez en cuando.

    Me quedé estupefacto, sobre todo porque lo contaba con total naturalidad.

    Casi tanta como la que derrocha Margarita.

    Saludos.

    http://www.lacoctelera.com/elquiciodelamancebia

  3. “Estoy convencida de ello como de que las mujeres somos también más inteligentes que los hombres, nuestro cerebro es superior, lo dicen estudios acreditados.” ¿Se imaginan que un juez varón hiciera una afirmación semejante sobre la superioridad intelectual de los varones? ¿Cuántos minutos tardarían en expulsarlo de la judicatura?

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