Archivo mensual: marzo 2008

Los pies en la tierra

Llegada la hora de la verdad, la verdad aparece impuntual, troceada y enredada. La primera tarea, sentado con regularidad industrial frente a la mesa, es ordenar los vestigios de la investigación (nunca terminada del todo) sin desesperación ni pausa: compruebo ahora hasta qué punto mis intenciones metodológicas deben concretarse en la oración diaria: transcripciones de entrevistas, relectura de notas, selección de citas, datos, frases. Todo lo cual ayuda para no desesperar por la falta de imaginación. 

El objetivo es que cada palabra lleve su cosita dentro, ajustada: palabras que no parezcan un sonajero, pero que tampoco sufran de elefantismo. La precisión en el relato de los hechos no sólo reclama la palabra exacta: la claridad en la formulación de la frase y el orden de sus elementos suponen también un trabajo de fidelidad al tiempo y el espacio en el que ocurrieron según el relato de las víctimas y testigos y otras fuentes documentales. Así, la diferencia entre estos dos párrafos:

Le taparon los ojos y la subieron a una furgoneta que había cerca. Una Mercedes Benz, al parecer, azul metalizado. La puerta lateral, por donde la obligaron a subir a ella, era corredera. Una vez dentro la taparon con una manta y arrancaron.

Tapados los ojos y a bordo ya de la Mercedes Benz azul metalizada de los asaltantes, la chica, cubierta con una manta, viajaba en la parte trasera cuando arrancaron. La puerta lateral de la furgoneta era corredera.

Trabajo convencido de que el primero, aunque provisional, es más verdadero: en el segundo nadie tapa los ojos a la chica, la imprecisión verbal emborrona el tiempo en el que se sucedieron los hechos (“viajaba cuando arrancaron”), la furgoneta no está en ningún sitio, la puerta lateral aparece desplazada y la seguridad en cuanto al color y la marca del vehículo es una exageración del narrador, que no respeta la precaución de la propia víctima, y que por inercia rebaja una información valiosa: la seguridad de la chica, esta vez sí, de que era una furgoneta y no un turismo pequeño. 

En esta primera parte (hechos probados del 91 y 95, primera investigación de la Guardia Civil y condena revocada) la verificación obliga sobre todo al contraste de las declaraciones, la selección jerarquizada en base a su importancia, pero sin subrayados, y la absoluta circunspección del narrador, esa tercera persona que soy yo más allá de mis circunstancias. La objetividad, a no borrar los trazos que puedan cuestionar la tesis que va a defender el libro. El descarte sólo es admisible sobre aquello que sea irrelevante para las dos posibilidades: que el convencimiento de las víctimas sea erróneo o acertado. El juez, como en todas las cuestiones morales, es el de siempre: uno mismo. Aunque nada tiene eso que ver con el subjetivismo.  

En el adelanto del proyecto que envié al Premio Crónicas inserté este aviso al lector que sigue estando vigente, y aclara el método para la reconstrucción de los hechos de 1991 en el segundo capítulo:

Éste se compone principalmente de las declaraciones  de las  víctimas en comisaría a las pocas horas de haber ocurrido los hechos, los informes médicos, periciales, el resto de diligencias policiales y una conversación con A., uno de los chicos víctima de la agresión y testigo de las violaciones de La Secuita. He procurado no añadir ni quitar absolutamente nada: siempre que ha sido posible he utilizado incluso, al enlazar las frases, las expresiones de las víctimas, lo cual casi nunca se refleja con el uso de las comillas. Estas sólo se han utilizado para presentar lo muy delicado, lo muy decisivo, y las frases de los agresores que las víctimas citan literalmente en sus declaraciones.

Los hechos de 1991, las detenciones que les sucedieron y los detenidos que pasaban por allí, no pueden aparecer aquí bajo ninguna luz artificial que los relacione, más allá de la sucesión en el tiempo. (Las metáforas de la policía, periodistas, fiscales y jueces son material para la segunda parte, donde aparecen sincronizados con las impresiones de las víctimas). No hay conectores, no hay argumento, no hay explicación. Hay parejas, coches, caminos apartados, violaciones, secuelas, detenidos, fotografías, comas, puntos,  párrafos y páginas.

 

Tampoco puede haber indignación, porque me parece que es el mejor modo de no expropiar a las víctimas (chicas y condenados por la cara) su dolor.

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Contraplano (o me estoy quitando)

El estrés y la carga de trabajo acumulados durante los cinco meses que lleva este blog en marcha aconsejan levantar el pie. Les detallaría mis horarios, pero es algo demasiado íntimo. La alarma más importante, sin embargo, es la del reloj. Ha llegado la hora del libro. No toda la culpa la tendrá el tiempo que le he dedicado al blog. Algo tendrán que ver también los viajes y las mudanzas y el vértigo. Pero el contador no engaña: 15,600 palabras. Treinta y cinco páginas, casi todas escritas durante el parón de las navidades. No he vuelto a escribir una línea desde que entregué el adelanto en enero.

La conclusión es que esa dificultad para compaginar la escritura del libro y la del blog  es para mí insalvable. Así lo pensaba antes de empezar, y de hecho el plan inicial era cerrar este experimento al acabar febrero, pero ahora es la experiencia la que obliga a reconocerlo. Aunque ese para mí rebaja su importancia objetiva, señala una correlación de fuerzas.  Hasta finales de abril, por tanto, ni blog diario ni más viajes. Me jode admitirlo: Me estoy quitando.

Los viajes volverán en mayo. Pero no esta cita diaria: Entre dejarlo del todo y seguir como si nada, hay un término medio:  escribiré cada lunes.  No sé muy bien por qué: pienso en el lunes que viene y la semana se me ofrece como un respiro, pero también me anuncia una oportunidad: el lunes que viene podré volver aquí y contarles algo. Porque todo este ejercicio, si bien ha confirmado esa incompatibilidad de escribir con las dos manos, porque la izquierda sigue pensando en lo que hace la derecha (la desnovelización no ha culminado), ha deshecho otras: la aparente repulsión entre el goce y la rutina, un tormento que ni mucho menos es exclusivo de los casados, los funcionarios y los parados.

Es otro de los indiscutibles de Kraus: trabajaba día y noche, y así tenía todo el tiempo libre del mundo. No es que no me haya importado el compromiso con ustedes, pero confieso que ha sido el placer de escribir aquí cada día, lo que me ha hecho volver al día siguiente. Un placer informado: Llegaba después de la tensión, el desayuno y el sudor en las manos, y se iba lento como el recuerdo de un desahogo. Pestañeaba, amanecía de nuevo: Tocaba sacar otra piedra del estómago.

Los días con menos visitas (algún fin de semana de noviembre no despuntó las 50), la verdad es que el público me importaba un carajo. Los días que más, alguno de enero pasó de las 1.500, lo mismo, por exagerado. Lo habitual de los últimos dos meses, muy cerca de las 200 diarias, sí que me llena de sorpresa y asombro, pero mentiría si les dijera que he pensado en el público al escribir. Sólo pienso en ustedes por separado: y algunas pocas cosas quedan por publicar aquí, que sería un fraude reservar para el libro. Por eso voy a volver, cada lunes, a las diez de la mañana.

Feliz semana.

No se vayan

En el AVE, camino de  Madrid, sin batería, anunciarles sólo que les dejo hasta después de Semana Santa. El lunes 24 de marzo estaré de vuelta, para encarar el tramo final de este blog, o al menos el de su reinvención. Será la única manera de que me ponga a escribir el libro. No se lo pierdan.

La desnovelización empieza por el autor

“En comparación, las personas reales parecen relativamente faltas de interés porque son mucho más complejas, ambiguas, impredecibles y particulares que los personajes de las novelas. La terapia del psicoanálisis trata de devolver al paciente neurótico la libertad de no ser interesante, libertad que el paciente perdió en algún punto del camino de la vida. El psicoanálisis propone minar las estructuras novelísticas sobre las cuales el paciente construyó su existencia y destruir el tejido de elaboradas y artificiosas configuraciones en que está atrapado. Hay personas (psicoanalistas entre ellas) que piensan que la acción del psicoanálisis consiste, por así decirlo, en transferir al paciente de una novela a otra –digamos, de una novela gótica a una comedia doméstica–, pero la mayor parte de los analistas y de las personas que han sido sometidas a esa terapia saben que esto no es así y que el programa freudiano es mucho más radical. Pacientes sometidos al análisis dicen a veces que les parece que el tratamiento los está volviendo locos. Lo que determina que sientan esta manera es la “desnovelización” de sus vidas y el hecho de vislumbrar los abismos de la individualidad y la idiosincrasia que constituyen el inconsciente freudiano”.

Janet Malcom, El periodista y el asesino, pp. 181-182.

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Por fin, en España, un maestro ignorante.

Contra el colapso

« La formule pour renverser le monde, nous ne l’avons pas cherchée dans les livres, mais en errant. C’était une dérive à grandes journées, où rien ne ressemblait à la veille ; et qui ne s’arrêtait jamais. »

«Yo soy de los que piensan que para escribir un libro hay que pasear mucho.»

Basado en hechos reales

Antes de entrar a la estación de cercanías de Arc del Triomf, camino de Gavà, me encontré con Taïbi, amigo de Abderrazak Mounib y su familia. Quería quedar con él para que me acompañara a casa de la familia de Mounib durante  la semana y así se lo dije: “Si quieres ver a la Fátima –me contestó– la he dejado ahora mismo tomando un cortado”. Fátima es la mujer del señor Mounib.

Estaban ella y una compatriotra y una señora catalana, en un bar de la calle Sant Pere Més Baix. Un pañuleo cubriéndole la cabeza, un abrigo de lana cruda abotonado hasta las rodillas, Fátima sonrió ambablemente apenas me presenté, cuando todavía creo que no le había dicho por qué estaba allí. Imagino que ya sabía que era otro periodista más, que quería hablar de su marido.

Me senté. La conversación no fue muy fluida: mi árabe es nulo y su español justito. Mimouna, su amiga, hizo de intérprete en diversos momentos. Creo que salí con una sola idea reforzada. Tengo bastante claro desde hace tiempo que no se puede vender ficción con el aval de lo real. Pero un comentario de la señora Mounib ayer ejemplificó el mejor argumento,  que es siempre el mismo y como tal debería bastar. Entre los agravios, habló de una serie emitida por TVE:

Otros hicieron una película de mi marido, y lo dejaban vivo y decían que era muy feliz ahora. No la he visto, pero mi hija guarda el recorte del periódico.

El capítulo de Al filo de la ley al que se refería la señora Mounib se emitió en TVE en abril de 2005. Abderrazak Mounib había fallecido cinco años antes, el 26 de abril de 2000.

***

Luego estuve en Gavà. Parece que logré corregir la dirección incorrecta, aunque no había nadie en casa. Volveré a escribirle.

La carta devuelta de una víctima

La carta que le envié a E., la chica violada en Viladecans (caso Gavà), fue devuelta: “dirección incorrecta”, según el acuse de recibo del 16 de enero de 2008. Hoy, de vuelta a Barcelona después de tres semanas, voy a ir a comprobar la dirección personalmente.

Adelanté que, pese al compromiso de la transparencia, no publicaría las cartas enviadas a las víctimas sin haberlas avisado primero. La devolución de ésta me permite invertir los términos: la publico porque la chica ya no la va a leer. Llamaré a su puerta, de acertar con su dirección, y le explicaré por qué esta carta abierta.

En fin, la carta era ésta:

Estimada E. M.:

Me he permitido escribirle, aunque no me conoce, después de muchos meses pensando en hacerlo. Mi nombre está más arriba, tengo 29 años y soy periodista. Le ruego me disculpe si la sorpresa de esta carta le resultara molesta.

Estoy escribiendo un libro. Supongo que ya se lo imagina. Sí, es sobre los hechos del otoño de 1991 y sobre la vida de las dos personas que fueron condenadas como autores en algunos casos. En el suyo, hubo absolución. En otros, ni siquiera fueron juzgados.

La razón que explica suerte tan dispar, no sé si la conoce: nunca apareció ninguna prueba, más allá de la “identificación” por parte de algunas víctimas, que implicara a los dos ciudadanos marroquíes en los hechos. Así que todo dependió, exclusivamente, de lo que dijeron las víctimas: unas que sí, otras que no.

Si he de confesar, no tengo del todo claro lo que dijo usted. Y no porque no haya leído sus declaraciones una y otra vez, no menos de 20 ó 25 veces, intentando oír sus palabras más allá de lo que transcribían los secretarios judiciales. No crea que juego a las adivinanzas: es que sólo a través de las contradicciones que se reflejan en esos escritos, se puede uno hacer una idea más o menos de lo que en verdad usted decía.

Me quedo con la cita de su declaración del día del juicio oral, donde usted aclaró que lo había señalado

por ser de raza árabe y de constitución anatómica parecida a la de su agresor, pero sin estar segura de que se trate de la misma persona”

El Tribunal lo absolvió: no sé cómo recibió usted esa sentencia, si con rabia, porque temiera usted que el acusado sí que fuera el autor de los hechos, o como un descanso, porque por fin había logrado deshacer un malentendido.

No lo sé, pero por las declaraciones suyas que he leído, ya le digo, creo que usted había intentado dejar eso claro mucho antes. En concreto, en una declaración que prestó ante el juez instructor, ya aclaraba que

en ninguna de las dos [ruedas] estaba segura de su reconocimiento”

El juez, aún así, decidió procesar al señalado y, no sólo eso, un mes después escribió que usted había ratificado el reconocimiento en ambas ruedas y dictó prisión provisional. Ya le adelanto que hoy martes, en un blog que mantengo en Internet sobre esta investigación, me detendré a analizar todo esto. Puede consultarlo aquí: www.ladoblehelice.com.

No sé si sabe que cuatro años después se repitieron unos hechos muy parecidos, también a manos de dos hombres “al parecer norteafricanos”, y que hablaban una lengua “árabe”, y que uno de ellos fue finalmente detenido: era gitano y hablaba caló. Que era físicamente idéntico al marroquí que usted había señalado como de “constitución anatómica parecida”, pero sin estar segura de que él fuera el autor.

La Guardia Civil tampoco estaba tan segura. En cuanto detuvieron al del año 95, uno de sus agentes redactó un informe avisando de que quizá se había producido un error con los condenados en 1991, y que el verdadero autor era el detenido del 95 y la otra persona no identificada. Las pruebas de ADN, que sólo se pudieron practicar en un caso, el de Olesa, confirmaron su hipótesis. Los autores de los hechos de Olesa, cometidos el 5 de noviembre de 1991, eran los mismos autores que los del 95: Los dos marroquíes eran inocentes, y así lo reconoció el Tribunal Supremo en 1997.

Pero hay más. Después de demostrado el error, y por motivos que sería demasiado largo explicar aquí, uno de ellos murió en la cárcel, tres años después, y el acusado que fue en su caso absuelto, ha pasado 15 años preso. Hoy está en libertad condicional, pero, él mismo lo dice: “todavía no soy un hombre libre”. De hecho su condena vence en 2009.

Yo llevo dos años y medio metido en esta historia. El blog que le citaba antes, existe desde hace tres meses. Es un intento por desarrollar este trabajo a la vista de todo el mundo. No por exhibicionismo, sino por transparencia. Ahí contaba el jueves pasado (“El encontronazo con el Otro”) que me llena de curiosidad una frase del acusado, que en un juicio posterior declaró que en el caso en que había sido absuelto, la chica se le acercó y le habló. Que él no había entendido lo que le decía, pero que algo le dijo.

Esa chica sólo puede ser usted, porque en ningún otro caso lo absolvieron. Me he preguntado muchas veces qué es lo que le dijo, y por qué. No sé si usted lo recuerda, y si querría contármelo.

He empezado esta carta diciendo que el libro trata de la vida de dos condenados. Yo querría que el libro tratara de la de ustedes también. Pero eso es algo que sólo de ustedes depende. Yo le animo, sinceramente.

Agradeciéndole por adelantado su atención, reciba un saludo cordial:

 

 

Braulio García Jaén.