Archivo mensual: enero 2008

Mounib

Mi intención es contar esta historia equilibradamente por lo que a los dos principales protagonistas se refiere. La dificultad obvia es que uno de ellos está muerto: Abderrazak Mounib. Los primeros amigos y vecinos del barrio con los que hablé resaltaron siempre la tenacidad con la que Mounib llamaba a las puertas de las instituciones y medios de comunicación. La correspondencia escrita fue, según me cuenta el propio Tommouhi, su principal medio.

Esa correspondencia debía cubrir en cierta medida su ausencia. Era la forma de recuperar su voz, más allá de lo que sobre su vida, hábitos y declaraciones hay en el sumario. No encuentro esas cartas. Una sola, de momento, dirigida al cónsul de Marruecos en la primavera de 1992 para reclamarle que se ocupara de su caso.

La familia no solía recibirlas, pues se comunicaban a través de las visitas a la cárcel, según me contó su hijo. Alguno de los destinatarios confiesa no encontrarlas. Otros no viven ya en Barcelona. Me resta preguntar a las instituciones, pero dudo de que alguien haya conservado algo.

Quede constancia al menos aquí de la lista de destinatarios (I y II) que en cierto momento manejó:

Estos dos, en el reverso del folio.

El policía escribe al condenado

El fiscal, obviamente, no estaba.

***

Uno de los comienzos de esta historia. El 13 de septiembre de 1995, el agente de la policía judicial de Martorell, Reyes Benitez, recibió una carta de Ahmed Tommouhi, preso en la cárcel de Can Brians (Barcelona). El mismo Reyes le había hecho llegar su dirección a través de su hermano, Omar Tommouhi. Hacía dos meses que habían detenido a Antonio García Carbonell. Ésta fue la respuesta Reyes:

Martorell, 13 de Septiembre de 1995

Sr. Ahmed Tommouch [sic]:

En el día de la fecha, he recibido su carta en la que me explica cuál es su situación. Quiero decirle que, junto con otros compañeros, pienso que Ud. es inocente de los delitos de los que ha sido acusado y condenado.

Quiero hacerle saber también que estamos realizando gestiones para esclarecer la verdad y que Ud. pueda salir de la cárcel.

Sin embargo, no quiero hacerle concebir muchas esperanzas, ni puedo prometerle nada, pero sí quiero que sepa que realizaremos todas las gestiones que legalmente podemos realizar para conseguirlo.

Cuando hablé con su hermano, al cual conocí en la calle, y debido quizás al poco conocimiento  que el mismo tiene del castellano, éste no debió de entenderme bien. Sería necesario que Ud. entregase mi dirección a su abogado, al objeto de poder entrevistarme con él, dado que el mismo puede disponer de información de la cual nosotros no disponermos, dado que su caso sólo lo conozco a nivel policial, desconociendo todo el procedimiento de instrucción judicial seguido.

Sí sabemos que Ud. ha sido condenado por alguno de los delitos, habiendo sido declarado [¿inocente?] en otros, pero desconocemos cuáles son unos y otros.

Igualmente, desconocemos las pruebas que pudieron ser aportadas durante  la instrucción, así como las diligencias que se practicaron.

Como todo esto es muy complicado de tratar mediante cartas, pienso que sería conveniente que Ud. solicitara una entrevista conmigo.

Desconozco los trámites a seguir para poder realizarla, pero Ud. podrá informare en ese Centro de los trámites a seguir.

Una vez los conozca, puede escribirme a la dirección que Ud. tiene y si es autorizada dicha visita, no tengo ningún inconveniente en desplazarme a Brians para realizarla y poder tratar este asunto con Ud.

Firma

El portazo, en las narices, por favor

No sabía si contestar a la segunda respuesta de la fiscalía, que dejaba una puerta sólo aparentemente abierta a mi requerimiento. La respuesta es que no habrá entrevista para exponer “la postura de la Fiscalía de Cataluña sobre este caso”, aunque “cuestión distinta sería solicitar examinar el expediente que sobre el particular pudiera existir en Fiscalía, caso de conservarse”.

La puerta está sólo aparentemente abierta, primero, porque “precisaría demostrar mi interés directo en el asunto”, y segundo, “constatar que la lectura del expediente no afecta al derecho a la intimidad de terceros”.

El portazo está agazapado en el adjetivo “directo” que acompaña a “interés”, y que esconde una nueva negativa por no ser parte  en el asunto. Pero ellos solitos se pillan luego los dedos con una segunda exigencia absolutamente imposible de cumplir: ¿cómo voy a constatar yo que “la lectura del expediente no afecta al derecho a la intimidad de terceros”?

Como la cosa va de juegos de manos y palabras, yo voy a hacer también mis pinitos: me voy a ir directamente a la fiscalía para constatarles mi interés.

Mañana les cuento.

Ruedas del 95

La Guardia Civil detuvo a Antonio García Carbonell el 20 de junio de 1995, como presunto autor de la ola de violaciones que venía cometiéndose en Cataluña durante esa primavera. El ADN confirmaría luego que era uno de los violadores en al menos seis casos. Antes, el día 23, se había montado una rueda de reconocimiento en el Juzgado de 1ª Instancia e Instrucción nº 7 de Terrassa, a la que acudieron nueve víctimas.

La rueda estaba compuesta, de izquierda a derecha, por:

1.-Manuel R. P.; 2-José P. P.;  3.-Antonio García Carbonell;  4.- Teodoro A. G.;  5.-Nicolas G. A.; 6.-Salvador S. B.

Esto es lo que, según las actas, dijeron las víctimas:

1.- Cristina: “que cree que es el número 5

2.-Juan: “que no reconoce a ninguno

3.-David: “que no está seguro del todo, pero que por los brazos y la cabeza cree que podría ser el número 4

4.-Javier: “que no puede reconocer a ninguno

5.-Marina: “que cree que es el número 4 por las entradas que tiene en el cabello, la papada y la barriga, aunque no lo puede afirmar con seguridad

6.- José Luis: “que por los ojos y la papada cree que el que más se parece es el número 4

7.- Antonio: “que no está seguro pero cree que es el número 3

8.- Yolanda: “Que no les vio la cara, que lo único que observó fue que uno de ellos era muy gordo, que podría ser el 2º o el 4º

9.-Teresa: “Que cree que es el número 3”.

Insiste, malaya

All the doctors

And nurses, too

They came and they asked me

‘Who in the world are you?’

(Skip James) 

Això era un dia dos refugiats de la vida a un bareto i tres birres pel cap baix:

–La causa està preparada, l’obro?– Però, dintre només hi havia http://www.el zurullo de zuloaga.hip-hop –Haurem de tornar a pensar en l’esfínter de Pandora–, ell mateix s’ho va concloure i, fent-se el minguis, sense pensar’s-hi massa i amb una veu més pròpia de nàufrag que de col.lega accidental:

–Ara ja només podrem fer barricades amb les pedres del fetge! Contagiats de desànim ambiental, havien de gratar-se el futur i les seves deliqüescències: puta sequera, vaja.

Moments com aquell eren propicis per entrar en petites i passatgeres depressions que encara que no deixaven rastre (no hi havia on deixar-lo) els permetien ser com qualsevol altre. Un més entre la multitud. Sentir-se massa. Ah, com els agradava el luxe asiàtic! Ser per uns instants consumidors de suculentes ex i incursions al primer Hipercorc que se’ls posés davant.

Podien, llavors, abandonar per unes hores la paciència del comptagotes i el desesper que els produia la ignorància obligatòria i la cruel inutilitat del poc dir que sempre tenien entre mans i mai no sabien com fer-lo sortir, i les certeses totes, tant les històriques com les patafísiques, i els deserts ja plens de profetes i

Sempre queda un “i” dret. Treiem, doncs, els punts de les ies. Per exemple:­

–Per puta torticoli (reduccionisme existencial) estem mirant cap a l’altre cantó i allà tampoc no hi ha res. Cal reconèixer, però, que és un bon punt de partida cap enlloc. Espero que allà ens rebin amb els braços oberts.

Per moments semblava que el bareto es movia pel futur, ara centrifugat. És la força d’atracció del buit. Cap amunt. Agafats al màstil, enfilats a la cofa “Són els meus arbres, nena, que no et deixen veure els boscos”. O cap avall: es pot okupar el temps?

En el sentit fort del terme, volem dir. Perquè de cada vegada n’hi menys, de temps (i no només perquè l’hagin urbanitzat) El temps històric l’estan acabant en el festí neocon, con, conspícua paraula francesa, i s’estan llepant dits i kubotans. Aviat no quedarà història ni pels més menuts.

Distraccions birràtiques a part, el cert és que no sabem què fer. Per més històries que ens muntem, no arribem mai a entrar a la barca, i així no hi ha naufragis ni illes ni res. No sortirem de port (en diuen “salpar”).

Tal vegada hagin acabat les grans narracions; potser perquè ningú ja no piula? El temps històric, com a lloc dels nostres pensaments més íntims i col.lectius, s’ha esmorteït: les dates són commemoracions, mers objectes històrics, etiquetes, curiositats o brocants; la història és només una assignatura a la irrealitat dels estudis oficials i tediosos.

Es pot preveure que la realitat se’ns presentarà, doncs, com un mural cacaòtic en moviment burocràtic reglat. O(h), cosa quieta. Un mural capaç d’incloure qualsevol cosa i tots els moviments i les velocitats totes. Hi ha músiques de sobra per acompanyar. Massa pa i poca salsa. El pa i la xocolata mai no acaben alhora.

L’ordre està en mans de l’Administració, i no és pas el que crèiem. El caos, ordre del més bell dels temps, té raó de ser i moltes amigues. Volem juerga històrica i no pas administrativa/subvencionada. Hauríem de ser capaços de vomitar davant les festes majors i els festivals; la normativa, se la guardin. Ves a saber què hi diu la normativa.

“Por otro lado hay cada vez más gente que va entendiendo que ya nadie les necesita” Crec recordar que això ho vaig llegir a T. Eagleton, però no ho sé del cert.

Fèlix Balanzó

Lo real y su representación jurídica

“La administración de justicia no es otra cosa que la representación de un drama cuyas consecuencias se prolongan a veces veinte años y un día. Porque el proceso, que es lo propio de la representación judicial, crea realidad, crea acontecimientos.  Eduardo Gil Bera lo explica de este modo:

Así como hay palabras cuya etimología nos revela que tienen transformaciones imprevisibles y paradójicas de su sentido primitivo, la de “estar sometido a proceso (judicial)” mantiene la literalidad de su sentido con ejemplar fidelidad. “Proceso” viene de procedere, que es “avanzar”, “ir  a parar”. A partir de la Edad Media ya se utiliza en el sentido de escrito que establece una cadena causal y que, por ello, constata algo q1ue produce efectos jurídicos:  puede avanzar a ir a parar a la consecuencia jurídica. Así, proceso es el milagro judicial que crea un acto, le asigna una cadena causal y le otorga, graciosamente, un efecto. En último extremo, sólo un juez puede hacer que un acto tenga efecto, es decir, exista.

Así es. Cuando, por ejemplo, un juez dicta sentencia, suele comenzar diciendo “se declara probado” y sigue luego diciendo, por ejemplo, “que en la noche de autos, el acusado violó y luego devoró a su víctima”, lo que resulta en ser un acontecimiento real y verdadero, por el que el acusado pagará las consecuencias. El proceso (judicial) y la representación (jurídica) han creado realidad e historia. O por lo menos, un tipo de realidad y de historia, por cierto, muy próximos a las que produce el arte. Aunque con resultados muy distintos.

En EE. UU., donde se ha prescindido de buena parte de la representación, los juicios se llevan a cabo como un negocio: el acusado acepta una pena a cambio de declararse culpable y así todo el mundo se ahorra la representación. A eso lo llaman un deal, es decir, un “acuerdo”. Ese acuerdo no es un acuerdo cualquiera: es el acuerdo de suspender la representación, el drama, y al mismo tiempo destruir el sistema judicial. El nihilismo norteamericano es mucho más eficaz que todo el terrorismo de este mundo. En EE. UU. los sucesos “reales”, los acontecimientos, se pactan. Y si los pactantes deciden que no ha habido robo, violación o canibalismo, pues no lo ha habido. Aunque lo haya habido.”

“Representación”, Félix de Azúa, en Diccionario de las artes, Planeta, 1996, pp. 252-254.

 

De esto hace más de diez años. Hoy no habría hecho falta remitirse al ejemplo de EE. UU.: en España más de la mitad de los procesos penales se pactan.

El violador y el periodista

La carta de ayer era asquerosamente amable. La dificultad del género carta-al-culpable, que obliga a afinar entre el no ensañamiento y  la impostura, no me excusa. Afiné mal, y acaba siendo impostada.

El equilibrio entre el caso general y cada particular, que creo que resolví bien con las  víctimas, aquí está roto. Es verdad que me interesa él personalmente, pero eso no debería haberme llevado nunca a cerrar tanto el ángulo como para que las víctimas, y aquí incluyo también a Abderrazak Mounib y a Ahmed Tommouhi, no aparezcan enmarcadas. 

Ése me parece que es el problema: que el objetivo está sobredimensionado. Demasiadas ganas de estar delante del malo, sin que en verdad tenga muy claro qué es lo que puede aportar. Quizá yo también sufra ya de deslumbramiento, y esté imaginando personajes, donde me prometí que sólo habría personas de carne y hueso. El tono debería haber sido, pues, mucho más seco y distanciado: es mi trabajo, si usted acepta, bien, si no, también.

Es imperdonable la expresión “el Tribunal Supremo falló que usted era uno de los autores”, cuando llevo dos años huyendo como de la peste, de la verdad formal, para buscar y escarbar en las pequeñas, pero incuestionables, verdades materiales: sangre, huellas, semen, entrecomillados, actas, etc. Es evidente que tenía que haber escrito: “pero el ADN demostró que usted era el violador”. Un tufillo que se contagia luego, irremisiblemente ya, sobre esa otra del final: “las pruebas de ADN convencieron al Tribunal”, verbo descaradamente ambiguo. ¿Desde cuando me importa el convencimiento de nadie?

La media sonrisa con la que siempre me tomo eso del “hombre respetado” y el buen nombre entre sus vecinos, es irreconocible en el párrafo de ayer. La razón seguramente tiene que ver con que ya sabía, al escribirla, que también hay quien no guarda un buen recuerdo del ciudadano modelo, precisamente: García Carbonell fue condenado en 1993 por un delito de amenazas. La expresión “problemas serios” era eso lo que ocultaba.  Y como buen eufemismo, era una deplorable, por más que inconsciente, forma de cubrirme las espaldas. Que no haya podido conocer la versión del amenazado todavía, no me excusa tampoco: debería haber eliminado el párrafo entero.

Por cierto, caigo ahora, que el hecho de elegir el año 1995, en lugar de 1991, como línea divisioria entre un antes y un después de sus problemas con la justicia, se agarra descaradamente al hecho de que no fue hasta entonces cuando lo detuvieron. En verdad mi interés por esa frontera entre el antes y el después, que es sincero, lo es sólo a condición de dejar claro que para mí la frontera está en 1991. Y no lo hice.

Por supuesto, que hay tiempo para corregirse y, si responde, dejar claro todo esto. Pero los errores más vale reconocerlos a tiempo.

Así que agradezco el comentario de Arcadi Espada, que, certeramente, puso el dedo en una llaga, que ya supuraba.