García Carbonell, la doctrina Parot y la verdadera impunidad

Esta tarde ha salido en libertad Antonio García Carbonell, después de algo más de dieciocho años en prisión. García Carbonell, autor confeso de siete violaciones, entró en la cárcel el 23 de junio de 1995 y de no haber sido por la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que ha anulado la doctrina Parot, habría seguido preso hasta 2025. Yo he dedicado ocho años a seguir su caso y su vida y estoy convencido de que es el autor de al menos otras seis violaciones: bueno, estoy convencido yo y la Guardia Civil, pero eso es otra historia ahora.

El caso es que me parece bien que pueda acogerse a los beneficios penitenciarios que por ley, y por sentencia de Estrasburgo, le corresponden.

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Dicho esto, diré en mi descargo que he dedicado buena parte de esos ocho años a intentar encontrar pruebas para que lo condenaran por esas otras violaciones impunes. Estas dos noticias de El País (una y dos) valen para recordarlo.

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La última noticia que dio El País sobre este caso, antes de que García Carbonell saliera en libertad esta tarde, se publicó el 3 de junio de 2011 y contaba que una juez había reabierto el caso de una violación cometida en Blanes, Girona, en 1991, gracias a los desvelos de un ciudadano barcelonés: Manuel Borraz. Borraz había convencido a la fiscal y a la juez de Blanes, que en un principio habían considerado que el delito había prescrito,  de que estaban equivocadas y de que faltaban seis meses para que la violación prescribiera. Borraz proponía además que se analizaran unas muestras de semen que yo había identificado en el último capítulo de Justicia poética, y señalaba que García Carbonell era el principal sospechoso de dicha violación. El juzgado, finalmente, le dio la razón y ordenó analizar las muestras.

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Las muestras, según un Mosso d’Esquadra que siguió el caso, resultaron que estaban deterioradas. Fin de la  historia del caso.

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Fin del caso porque en verdad la historia nunca acaba. ¡Nunca mientras haya alguien para contarla! Hace un año empecé a escribir un epílogo al libro, básicamente para dar la mala  noticia de que las muestras estaban deterioradas, pero también para otras cosas. Una de ellas era la reacción de la juez, Mercedes Giménez Olavarriaga, y la fiscal, Ainhoa Barinaga, cuando fui a verlas al juzgado de Blanes y les conté que además de la violación que ellas acababan de reabrir, había otra violación impune, que se había cometido la misma noche que la de Blanes, pero en Gerona capital y dos horas antes: el 25 de noviembre de 1991. Una violación, otra, que por tanto tampoco había prescrito.

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Como es muy tarde, me voy a abstener de resumirlos, pero les dejo aquí los párrafos de aquella memorable visita y de cómo reaccionaron sus señorías. Me he acordado estos días en los que tanto se habla de impunidad, impunemente.

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La visita al juzgado, a falta del cuaderno de notas extraviado, la reescribo de memoria. Me limitaré, por tanto, a dos fragmentos de las conversaciones que por separado mantuve con la fiscal y con la juez. En su despacho, la fiscal Ainhoa Barinaga, de unos treinta y tantos años, a quien recuerdo con un hilo de voz apenas audible del que había que ir tirando con delicadeza, no dijo nada más allá de confirmar que el caso se había reabierto, aunque fue amable y atenta con los detalles de mi rutina. Releyendo el sumario, yo había redescubierto que la misma noche de autos de Blanes, se había cometido otra violación idéntica a las afueras de Gerona y me pareció que, en tanto que fiscal, podía interesarle. Pero su interés resultó puramente humano: me animó a que fuera yo mismo a denunciarlo a Gerona capital. Dispuesto a echar el resto, le pedí que me precisara si tenía que ir al Juzgado de lo Penal que había instruido el caso o a la Audiencia Provincial que archivó el sumario. “Vaya a los dos y así hace usted un poco de turismo”, dijo.

A continuación, no me acuerdo si en la misma planta que estaba la fiscalía, entré al Juzgado de Instrucción número 1. Detrás del mostrador, las mesas de los agentes judiciales se repartían en un espacio diáfano modulado sólo por las estanterías y los armarios metálicos que las separaban, parecido aunque no tan amplio como el de la empresa de seguros de El Apartamento. La juez pidió que la esperara en una pequeña habitación encajada al fondo, entre el mostrador y su despacho. Ahora que lo pienso quizá fuera la sala de declaraciones.

Mercedes Giménez Olavarriaga, treintañera como la fiscal, aunque de apariencia más segura y sonriente, entró acompañada de su secretaria judicial y ambas se sentaron del otro lado de la mesa. La juez en la silla del centro y la secretaria a su derecha. La secretaria tenía un aire de joven de colonias comprometida que ondeaba todavía en sus gestos. El juzgado no informa de nada que esté tramitando, dijo la juez Giménez, cortando pronto y por derecho cualquier puente que pudiera haber entre su papel y el mío. Cuando le hablé de la otra violación de esa noche, vino a decir lo mismo: el juzgado hará lo que corresponda. No hizo nada.

Tanto la juez Giménez como la fiscal Barinaga desestimaron, por turnos, informar al juzgado de Gerona que había archivado también en su día esa violación cometida un par de horas antes que la de Blanes. Todo en nombre de la víctima cuyo nombre no conocían.

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El cómplice de García Carbonell en todas esas violaciones, por cierto, nunca ha sido identificado ni detenido, pero supongo que no es a esa impunidad a la que se refieren los ministros del ramo y el incienso.

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Buenas noches.

Última actualización

A partir de hoy, el dominio http://www.ladoblehelice.com acoge la transformación de este blog en otra cosa. Esta herramienta que durante casi dos años y medio ha estado al servicio de un proyecto, la investigación y escritura de un libro, Justicia poética, deja por tanto de actualizarse.

Pero no se vayan, porque todo seguirá donde estaba: www.ladoblehelice.com

Justicia poética en Letras Libres

Letras Libres publica en el número de marzo la entrevista que me hizo Toño Angulo Daneri. Aquí pueden leerla en pdf.

Me gustaría precisar, aún con todo, un detalle que creo queda algo confuso en la entradilla. No se trata sólo de que

Pruebas de adn y otras demostraron que, en efecto, García Carbonell era, junto con un pariente nunca identificado, uno de los criminales de la segunda oleada [de violaciones de 1995] y, por tanto, seguramente también de la primera [de 1991].

Es que una prueba de ADN también demostró que García Carbonell era el violador en uno de los casos de 1991, y así  lo reconoció seis años después el Tribunal Supremo, que declaró inocentes a Tommouhi y Mounib de esa violación de Olesa.

El problema es que hay otras condenas que siguen vigentes. En una de ellas, el caso de Cornellà,  las pruebas científicas también exculparon a Tommouhi, el único condenado en dicha causa, pero el tribunal, presidido por Margarita Robles Fernández, no entendió que los análisis además de sangre, se referían también al semen del violador, como explican los capítulos 23, 24 y 25 del libro. Tommouhi fue condenado a 24 años y dos días de cárcel. El violador y su cómplice, siguen impunes.

De la distancia

Leyendo un artículo en The Believer, poco después de haber releído algunos capítulos del libro –los estoy preparando para distribuirlos–, estas dos frases resumen la sensación que me produce ahora la relectura de ciertos tramos de esos capítulos (Cornellà y Tarragona, sobre todo):

En “Del rigor en la ciencia” Borges es todavía más radical: trata de “un mapa del Imperio que tenía el tamaño del Imperio”. Este mapa “perfecto” coincide punto por punto con los lugares para los que está pensado servir de guía –y se convirte, por tanto, en inservible. (The Believer, p. 38)

Pues eso.

Pueden escucharlo entero, de la voz del propio Borges.


Una segunda entrevista radiofónica

Después de la entrevista en Hora 25, de la Cadena Ser, que se ha podido escuchar aquí gracias al enlace de C.G., me animo a enlazarles la conversación que mantuve con Elena Cabrera y Carolina León en Radio Carcoma la semana pasada. El programa se llama Quieres hacer el favor de leer esto, por favor, se emitió el lunes 22 de febrero y amplía, creo yo que con cierta gracia y claridad, algunas de las cosas de las que he venido ocupándome aquí.

Pueden escucharla (mejor si usan Firefox como navegador) aquí: http://quiereshacerelfavor.blip.tv/file/3259529

El auto del Supremo

Bueno, a falta de los comentarios y apuntes que quería añadir y que publicaré más adelante, cuelgo por fin el auto del Supremo del pasado 19 de febrero  denegando el último recurso de revisión interpuesto por Ahmed Tommouhi en junio de 2009. El auto en pdf.

El Supremo dice NO

El Tribunal Supremo ha denegado la autorización para interponer el recurso de revisión por la condena de Tarragona presentado por Ahmed Tommouhi en junio de 2009. El auto, fechado desde el 4 de Febrero pasado, ha sido comunicado esta mañana.

El argumento para denegar, una vez más, la revisión era previsible: la prueba de ADN no identificaría al violador de ninguna de las víctimas de Tarragona, que es por el caso que está condenado Tommouhi. Eso es cierto. También lo es, sin embargo, la relación que con las violaciones de Tarragona podría haber trazado el análisis genético propuesto (de una víctima de Blanes, Gerona) y que el Supremo ignora descaradamente: se trataba de probar si el conductor del Renault 5 con el que se cometieron tanto las violaciones de Tarragona y Gerona era Antonio García Carbonell o su pariente, con los que Tommouhi y Mounib ya fueron confudidos en al menos una ocasión, según probó un primer análisis de ADN en 1997.

El Tribunal Supremo considera irrelevante, en fin,  dar por hecho que Tommouhi y Carbonell, no sólo se parecen mucho, no sólo fueron confundidos por las víctimas, como demostró un análisis genético y el mismo Alto Tribunal dio por probado en 1997,  no sólo fueron de nuevo confundidos en el caso de Blanes (cuyas víctimas señalaron a Mounib a pesar de que tanto él como Tommouhi estaban ya en prisión); después de todo eso, al Supremo le parece ahora irrelevante dar por hecho que, además, Tommouhi y Carbonell compartían coche.

Anoche Tommouhi, su abogado Javier Melero y yo hablamos del caso en Hora 25, de la Cadena SER. ¿Tiene alguna esperanza en el recurso?, le preguntó Ángels Barceló a Melero en un momento de la entrevista: “¿Yo?, ninguna, yo soy un profesional”, dijo el abogado, no sin cierta irónica amargura. El Supremo, en sintonía, ha corrido esta mañana a darle la razón.

Estos días colgaré el auto (todavía no he podido borrar el nombre de la víctima de Blanes) y algunas novedades que cuelgan de él.